martes, 18 de marzo de 2014

Los Primeros Vitrales en México Por Alberto Espinosa Orozco

Los Primeros Vitrales en México
Por Alberto Espinosa Orozco 




   Hay que recordar que el movimiento muralista mexicano inició con el diseño de un par de vitarles: “La Vendedora de Pericos y “El Jarabe Tapatío, diseñados por Roberto Montenegro (1887-1968), apoyado por Roberto Encizo y Xavier Guerrero, y realizados junto con artesanos mexicanos entre 1920 y 1921 en los tragaluces del Antiguo Templo de San Pedro y San Pablo (hoy Museo de las Constituciones), siendo ayudado para su realización por el vitralista Enrique Villaseñor –a los cuales hay que sumar su famoso mural “El Árbol de la Vida “situado en la misma sede.[1]
   El origen de los vitrales se encuentra en el viaje legendario que realizó Roberto Montenegro en compañía del flamante Rector de la Universidad nacional y futuro Ministro de Educación José Vasconcelos, junto con otros artistas jóvenes de singular valía como Jorge Enciso y Fernández Ledesma.
   A su paso por Aguascalientes Fernández Ledesma creó la escuela de cerámica al recoger una antigua tradición de operarios locales derivada de la Colonia –que luego reapareció en Oaxaca también con éxito industrial inusitado, creando Ledesma con Montenegro la decoración original de platos, poniéndose de manifiesto la necesidad que tiene el arte popular de apoyarse en artista culto. En Guadalajara el filósofo atenista prometió la construcción de una Escuela Industrial para Señoritas –con la que cumplió luego de dos o tres años. Entidad conde encontró algunos ejemplares de extraordinaria belleza y de clara inteligencia, que hasta le fecha engalanan con su porte y dignidad a nuestra raza.
   En colima descubrieron con alboroto una bebida llamada “tuba”, expendida por hombres que llevaban una cargando vara con dos guajes o calabazos colgando donde se fermenta, de sabor delicioso, que también se fabrica en Filipinas. Ledesma y Montenegro pintaron entonces unas acuarelas del vendedor de tuba, iniciando con ello la pintura popular, que luego hizo escuela. También encontraron algunos maestros amantes del saber, que con ralos recursos realizan prodigios en la enseñanza. En Manzanillo volvieron a encontrar al vendedor de tuba, junto con otras vendedoras de dulces y frutas, inspiró a Montenegro para su vitral “La Vendedora de Pericos” en la Ex Iglesia de San Pedro y San Pablo llamada Sala de Discusiones Libres debido a no sé qué influencias indostánicas del filósofo.[1]





[1] José Vasconcelos, El Desastre. FCE. 2ª Ed. México 1982. Pág. 18



   El arte del vitral se introdujo en México en 1868 por el italiano Claudio Pellandini, quien se estableció en la ciudad de México fundando la Casa Pellandini, importadora de vitrales decorativos de Europa. Otras casas que se interesaron en la importación de vitrales fueron la Casa Luis Rijal, la Casa Derflingher, la Casa Vidrierías Artísticas y la Casa Montaña Hermanos & Marty, las cuales trajeron de Europa lámparas, cristalería, espejos, más la hechura de vitrales y emplomados. A partir de 1890 Claudio Pellandini se dedicó a la importación de los célebres cristales franceses de Saint Gobain y de espejos venecianos, para especializarse después en vitrales, vidrios biselados y esmerilados. A la Casa Pellandini se deben los emplomados de numerosos templos, edificios públicos y residencias porfirianas, montando para finales del siglo XIX grandes talleres en México y una sucursal en Guadalajara, lugares en que también se producía vidrio plano, poniendo el primer taller de producción de cristal a cargo de Víctor Marco, artista español iniciador de tres generaciones de vitralistas mexicanos, cuyo gusto afrancesado abundo en temas paisajísticos, históricos y prehispánicos. La Casa Montaña fue fundada en San Luis Potosí en 1913, pero luego se estableció en Torreón, Coahuila, donde se realizaron los vitrales de Fermín Revueltas, y en cuya sede se encuentra hasta el día de hoy, en la calle de Escobedo #784, colonia Centro. 



   El más antiguo de los vitrales en la ciudad de México se encuentra en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, situado en el descanso del segundo piso, llamado La Bienvenida, que es una alegoría sobre el saber, proveniente de la fábrica de vitrales de Francisco Xavier Zettler, el cual data de 1899. Otro importante serie vitral se encuentra en un edificio neoclásico, el Ex Templo de Santa Teresa la Antigua (hoy Centro Cultural Ex Teresa Arte Actual (INBA), en la calle Primo Verdad # 8), llamado en su tiempo San José de las Carmelitas Descalzas, situados en la cúpula principal, que fuera decorada por Manuel Tolsá en el siglo XVIII. Se trata de un conjunto de 10 vitrales, de 10 metros de alto por uno de ancho, sobre el tema del Sagrado Corazón y la Vida y la Pasión de Cristo, realizados en vidrio pintado y dibujado a mano, proveniente del taller de Zettler, conocidos también como Estilo Múnich.





   Otro de los vitrales emplomados de mayor relevancia en México es el conjunto que se encuentra en el Alcázar del Castillo de Chapultepec (hoy Museo Nacional de Historia), conocido como “La Fertilidad y la Abundancia”. Se trata de un conjunto encargado por el presidente Porfirio Díaz en 1900, importado de París, Francia, los cuales están firmados por la Casa: C.H. Chapín Fields 96, Ríe Duchamps, Notre Dame, Paris. Su tema es el de cinco deidades griegas que encarnan los atributos femeninos: Pomona, Flora, Hebe, Diana y Ceres. Pomona es la diosa que patrocinaba las cosechas de frutos; Hebe la portadora del néctar divino que otorga la eterna juventud; Diana, la deidad cazadora, hermana de Apolo y patrona de la fertilidad y el nacimiento; Ceres quien preside sobre la agricultura, el grano y el amor maternal, y; Flora, cuya belleza se iguala a la de las flores que abren en primavera.





















   En el Palacio de Bellas Artes se encuentran también dos importantes vitrales: el primero diseñado por Harry Stoner, sobre una idea del artista italiano Adamo Boari (1863-1928), es un vitral movible único en el mundo: el telón del teatro que pinta el paisaje del Valle de México con los volcanes  al fondo, el cual cuenta con más de un millón de piezas de vidrio y pesa 22 toneladas, proveniente de la Casa Tiffany de Nueva York –fundado por Luis Conford Tiffany (1848-1933) en 1879, quien introdujo las cañuelas de cobre soldado con estaño. El segundo, en el mismo palacio de Bellas Artes, es un diseño del artista, pintor y escultor húngaro Géza Morotti (1875-1945), para el Plafón de la Galería del Teatro Principal, de luz ambarina donde se representa al dios Apolo rodeado por las Nueve Musas: Clío, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania, Talía, Melpómene, Euterpe y Calíope. Destaca también el vitral diseñado por Adamo Boari en 1908 para el Palacio Postal, en vidrio biselado incoloro.















   Hay que recordar una de las primeras obras notables en esta disciplina: el vitral de Saturnino Herrán, El Hijo Pródigo, de 1913, hoy en el Museo de Aguascalientes. Otros vitrales importantes son: en el Gran Hotel de la Ciudad de México (antes Centro Mercantil), edificio construido por el arquitecto David Garza entre 1895 y 1899 bajo las órdenes de Sebastián Roberts, se encuentra un gran jardín de luz, el cual fue realizado por la Casa Tiffany en 1908, siendo uno de los domos vitrales más grandes del mundo, el cual fue diseñado por el artista Jaques Gruber (1870-1936), discípulo de Gustave Moreau, en la Escuela de Nancy, Francia; el del Templo de Nuestra Señora de Loreto, en la bóveda del ábside, con el tema de la Asunción, edificio neoclásico, que es una maravilla, erigido a expensas de José Agustín de Paz, Conde de Baroco; el vitral francés de Nuestra Señora de Guadalupe, en el Buen Tono, importado por el dueño de la cigarrera Ernesto Puigibet; los 10 vitrales para la Exposición Internacional de Sevilla de 1929, de Víctor M. Reyes; destaca también el vitral de Diego Rivera en la Secretaria de Salud, Los Cuatro Elementos, de 1931, realizado por Enrique Villaseñor, que incluyen 4 vidrios por cañuela, en experimento fallido, y; los vitrales del artista alemán Mathias Goeritz, uno en el Templo de San Lorenzo, de 1954, compuesto por siete vitrales abstractos en la capilla, otro en la Catedral de Cuernavaca, y los vitrales de la Catedral Metropolitana, realizados entre 1960 y 1965 en la Nave Central, compuesto por 135 piezas, perdidas 39 de ellas por el incendio de 1965 –todos ellos realizados en la fábrica de vidrio soplado de Carretones.[2]






[1] Los vitrales de Roberto Montenegro se encuentran en lo que fuera la antigua Hemeroteca del Templo de San Pedro y San Pablo (hoy Museo de la Luz), que fuera también sede de la Universidad Obrera por un tiempo lugar, por otra parte, donde se fundó la primera constitución mexicana y sobre cuya historia hay un importante libre de Clementina Díaz y de Obando.
[2] En la ciudad de Toluca, estado de México, se encuentra un imponente vitral, de más de 500 mil piezas y 28 colores, llamado “Cosmovitral”, realizado en estilo Art Noveau por Leopoldo Flores Valdés (1934), en el año de 1990, siendo uno de los más grandes del mundo. 





1 comentario:

  1. Excelente información, en clase me las mostraron pero con su información alimente mas lo que aprendí y en cuanto la galería excelente calidad de imágenes. Saludos

    ResponderEliminar