lunes, 20 de mayo de 2019

Cinco Sonetos Burlescos De Sor Juana Ines de la Cruz

Sonetos Burlescos  
De Sor Juana Ines de la Cruz
(San Miguel Nepantla, Nueva España, 12 de noviembre de 1648​
- México, Nueva España, 17 de abril de 1695)



Cinco Sonetos Burlescos

I
INÉS, cuando te riñen por bellaca,
para disculpas no te falta achaque
porque dices que traque y que barraque;
con que sabes muy bien tapar la caca.
     Si coges la parola, no hay urraca
que así la gorja del mal año saque;
y con tronidos, más que un triquitraque,
a todo el mundo aturdes cual matraca.
     Ese bullicio todo lo trabuca,
ese embeleso todo lo embeleca;
mas aunque eres, Inés, tan mala cuca,
sabe mi amor muy bien lo que se peca:
y así con tu afición no se embabuca,
aunque eres zancarrón y yo de Meca.

II
AUNQUE eres, Teresilla, tan muchacha,
le das quehacer al pobre de Camacho,
porque dará tu disimulo un chacho
a aquel que se pintare más sin tacha.
     De los empleos que tu amor despacha
anda el triste cargado como un macho,
y tiene tan crecido ya el penacho
que ya no puede entrar si no se agacha.
     Estás a hacerle burlas ya tan ducha,
y a salir de ellas bien estás tan hecha,
que de lo que tu vientre desembucha
sabes darle a entender, cuando sospecha,
que has hecho, por hacer su hacienda mucha,
de ajena siembra, suya la cosecha.

III
INÉS, yo con tu amor me refocilo,
y viéndome querer me regodeo;
en mirar tu hermosura me recreo,
y cuando estás celosa me reguilo.
    Si a otro miras, de celos me aniquilo,
y tiemblo de tu gracia y tu meneo;
porque sé, Inés, que tú con un voleo
no dejarás humor ni aun para quilo.
    Cuando estás enojada no resuello,
cuando me das picones me refino,
cuando sales de casa no reposo;
    y espero, Inés, que entre esto y entre aquello,
tu amor, acompañado de mi vino,
dé conmigo en la cama o en el coso.

IV
VAYA con Dios, Beatriz, el ser estafa,
que eso se te conoce hasta en el tufo;
mas no es razón que, siendo yo tu rufo,
les sirvas a otros gustos de garrafa.
    Fíaste en que tu traza es quien te zafa
de mi cólera, cuando yo más bufo;
pues advierte Beatriz, que si me atufo
te abriré en la cabeza tanta rafa.
    ¿Dime si es bien que el otro a ti te estafe
y, cuando por tu amor echo yo el bofe,
te vayas tú con ese mequetrefe;
    y yo me vaya al Rollo o a Getafe
y sufra que el picaño de mí mofe
en afa, ufo, afe, ofe y efe?



V
AUNQUE presumes, Nise, que soy tosco
y que, cual palomilla, me chamusco,
yo te aseguro que tu luz no busco,
porque ya tus engaños reconozco.
    Y así, aunque en tus enredos más me embosco,
muy poco viene a ser lo que me ofusco,
porque si en el color soy algo fusco
soy en la condición mucho más bosco.
     Lo que es de tus picones, no me rasco;
antes estoy con ellos ya tan fresco,
que te puedo servir de helar un frasco:
que a darte nieve sólo me enternezco;
y así, Nise, no pienses darme chasco,
porque yo sé muy bien lo que me pesco.




martes, 7 de mayo de 2019

Leaving The Table De Leonard Cohen

 Leaving The Table 

De Leonard Cohen



I'm leaving the table 
I'm out of the game 
I don't know the people 

In your picture frame 
If I ever loved you or no, no 
It's a crying shame if I ever loved you 
If I knew your name 

You don't need a lawyer 
I'm not making a claim 
You don't need to surrender 
I'm not taking aim 
I don't need a lover, no, no 
The wretched beast is tame 
I don't need a lover 
So blow out the flame 

There's nobody missing 
There is no reward 

Little by little 
We're cutting the cord 
We're spending the treasure, oh, no, no 
That love cannot afford 
I know you can feel it 
The sweetness restored 

I don't need a reason 
For what I became 
I've got these excuses 
They're tired and lame 
I don't need a pardon, no, no, no, no, no 
There's no one left to blame 
I'm leaving the table 
I'm out of the game 

I'm leaving the table 
I'm out of the game.




Dejando la mesa

Me voy de la mesa,
dejo el juego.
No conozco a la gente
en tu marco de fotos.
Si alguna vez te amé o no, no...
Es una auténtica vergüenza, si alguna vez te amé,
si supre tu nombre.
No necesitas un abogado,
no voy a pedir nada.
No necesitas rendirte,
no te estoy apuntando.
No necesito una amante, no, no,
la desafortunada bestia ha sido amansada.
No necesito un amante,
así que apaga la llama.
No falta nadie,
no hay recompensa.
Poco a poco,
vamos cortando en cordón.
Nos estamos gastando el tesoro, oh, no, no,
que al amor no puede permitirse.
Sé que puedes sentirlo,
esa dulzura que reaparece.
No necesito una razón
para aquello en lo que me convertí.
Tengo todas esas excusas,
están usadas y cojas.
No necesito perdón, no, no, no, no, no,
no queda nadie a quien culpar.
Dejo la mesa,
me voy del juego.
Dejo la mesa,
me voy del juego.





Leonard Cohen - Leaving the Table

lunes, 6 de mayo de 2019

El Ocaso de la Vanguardia: Idolatrías Modernas Por Alberto Espinosa Orozco


El Ocaso de la Vanguardia: Idolatrías Modernas
Por Alberto Espinosa Orozco


“Nadie atrás, nadie adelante.
Se ha cerrado el camino
que abrieron los antiguos.
Y el otro, ancho y fácil, de todos,
no va a ninguna parte.
Estoy solo y me abro paso.”
Dharmakirti (La Tradición)




I
   Una cultura viva no es otra cosa que una sucesión temporal de temas, mayores y menores, y de problemas centrales que las generaciones de un grupo humano van decantando para lograrlos articular jerárquicamente, al ir ocupando repetidamente su atención y sus preocupaciones. El papel de Octavio Paz como pensador independiente, nada complaciente con el poder en turno, fue en mucho dar relieve, poner en claro e insistir en esos temas y problemas, arrojando sobre ellos una mirada crítica y lúcida, la cual no está carente de su grano de sal –grano que no dejó de irritar e incuso de disolver a algunos seres que medran por lo bajo, entre las tupidas enredaderas de la academia y de la burocracia oficial. Para entender la aguda crisis de la modernidad por la que atravesó el mismo como hombre y a nuestra cultura, el poeta y diplomático universal se sirvió, como sus herramientas hermenéuticas privilegiadas, del arte y de la literatura no menos que de la reflexión sobre su experiencia viva, para ayudar con ello a que creciéramos los mexicanos como sociedad. Sus temas, variados, obedecen sin embargo a una preocupación central: la de la paradójica confección histórica del hombre moderno, pues sobre los adelantos del progreso que lo encumbran, pesa y gravita todo el tiempo una severa decadencia y deuda moral que, en algunas ocasiones, urgió al poeta, hasta hacerlo expresar convencido: “el tiempo es el error”.

“El tiempo es el mal
el instante es la caída
amar es despeñarse
caer interminablemente
nuestra pareja es nuestro abismo
el abrazo: jeroglífico de la duración
la lascivia: máscara de la muerte”
(Fragmento. “Carta de Creencias”)






II
  Vivimos una extraña época: la del ocaso de una visión del mundo y el hombre llamada ambiguamente “modernidad”. En ella hemos asistido a lo que no sin razón se ha llamado la “revuelta del futuro”, que al  desarrollar las semillas que llevaba en su seno se han revelado como preñadas de agitación, de desarreglo y de desorden, pues su desarrollo infausto se ha manifestado como una especie de descenso al caos, caracterizado por la confusión de las clases y de los valores, también por la disolución de todas las distinciones, lo mismo en la masa informe que en el pensamiento y la filosofía. Paso, pues, y paso mortal, a la barbarie y a la salvajería sin ley, donde la civilización explora muestra su reverso: no la institución de las jerarquías, creadora de las necesarias jerarquías entre los hombres, sino el retorno al estado de confusión originaria de lo indistinto, de lo relativo y de lo particular –y todo ello en nombre de la naturaleza e incluso de la igualdad.
   Ante tal panorama ha surgido como impulso generoso en el hombre el de la resistencia, ante un estado de cosas no solamente injusto, sino más dolorosamente aún, confuso , incluso degradado, que por muy existencialista que sea, meramente de hecho, ha perdido sin embargo su razón de ser. La resistencia a una visión errada de la realidad no siempre ha dado el paso necesario que debe seguir a la negación, que es la conciencia, para abrirse a la recuperación de los valores, motores de la acción sensata, o al rescate del sentido: a la contemplación del momento detenido en el que se da la reconciliación de lo eterno con la existencia; a la aceptación del amor y de la fraternidad; a la actitud activa de verdadero interés social por el otro; o ponerse de acuerdo de una buena vez con uno mismo y con los otros en el levantamiento de una auténtica comunidad de fe trascendente -en la que sea posible distanciarse de lo que está cercano; percibir la hipocresía de los afectos y la premeditación de lo espontáneo como lo que en realidad son: la excepción, es decir, la particularidad: o mejor, lo que está distante de la vida; donde poder sentir la miseria de lo alto y la dignidad de lo que está caído y poder también amar a nuestro enemigo, resistiendo sin aspavientos a los engaños de la ilusión.
   No siempre, decía, ha sido así. Porque muchas veces ha faltado a los hombres de nuestra época la reflexión profunda, para poder someter a ley el particularismo y la excepción, que es lo único que podría enseñarnos a ver no sólo las micelaneas tentaciones del tiempo moderno sino, sobre todo, la más devastadora de todas ellas: el hecho de que el hombre lleva dentro de sí al enemigo del hombre, al lobo del hombre y al demonio de sí mismo. Percibir, pues, el fenómeno de la doblez y de la escisión del hombre, donde se fragua la desintegración del individuo en la triple ruptura: del hombre moderno con el cosmos, con los otros y consigo mismo.
   Uno de los rasgos más pronunciados de lo moderno ha sido su incurable amor por la apariencia; al grado de rendir culto a los dobles, mágicos, de las cosas; no la fidelidad a la religión y a sus preceptos, sino la fascinación por las místicas inferiores, degradadas; no el amor por el arte, sino por algunas de sus subformas híbridas, a partir de las cuales se puede creer que cualquiera puede ser artista o que el arte puede ser descubierto por el alma de cualquiera; no el cumplimiento de una libertad responsable, ascendente, que nos obliga, sino la creencia en la dignidad y la libertad de todo el mundo: indistinción populista, pues, que llanamente afirma que todas las opiniones son igualmente respetables, anulando con ello el concepto, junto con aquellas actitudes que se siguen ante un hombre superior y elevado, digno por ello de veneración; también creencia en una libertad que es tan sólo un simple derecho de paso y no el esfuerzo por conquistar y poseer un valor, al que se obedece y que por tanto por eso mismo se defiende.
   La modernidad puede verse así como la historia de un inmensa frivolidad conducente a error descomunal: el del amor a las formas y a las ideas mezcladas inextricablemente de tiempo, con el tiempo (razón histórica), para hacer descender las más altas emociones –de libertad, de heroísmo, de belleza, de justicia y amor-, a los niveles más bajos de la existencia, hasta convertir la misma dignidad y naturaleza propia del hombre en no más que primera naturaleza dada, encadenado a la más instintiva espontaneidad o a las más primitivas de las reacciones (razón vital);  transformando por consiguiente el orden en ciega obediencia a la materia o a la tiranía de las pasiones; en todo lo cual puede verse una retrogradación en el hombre hacia la participación con los niveles más bajos y gregarios de la animalidad. Porque nota inequívoca de la modernidad triunfante y tecnológica es comparar lo humano con todo aquello que le es inferior, derivando el espíritu de la materia y las más nobles emociones de los más bajos instintos y tendencias.








III
   Lo que se requiere así es entonces una “razón demetérica”, que sería mejor llamar “romántica”, potente para criticar tanto a la razón vital como a la razón histórica; o si se prefiere, una razón impregnada del espíritu de lo clásico para ahondarlo, pues lo clásico, que es siempre una crítica radical, una crítica a fondo y que por ello llega a los fundamentos, no se basa nunca en la novedad, sino en la necesidad de la renovación del espíritu. Me explico: habría así un clasicismo moderno, y tal es el verdadero romanticismo –aunque el romanticismo, puede doblarse, falsificarse, habiendo por ello una dualidad en el arte –derivada, a fin de cuentas, de la dualidad que hay en lo humano. Falsamente se ha identificado lo romántico con lo moderno y hasta con lo revolucionario, creándose en tal mezcla con la historia, el tiempo y el presente extraños compromisos más que ontológicos (con el ser), meontológicos (con la nada).
     Un primer equívoco está en ligar el romanticismo a los sentimientos históricos inmediatos, intentando fundarlo en el concepto moderno de “originalidad”, es decir, en una idea del progreso y del determinismo histórico, para las cuales a cada tiempo lo acompaña una expresión necesaria, fatal, de su espíritu histórico, la cual corresponde a un desenvolvimiento mecánico, gradual y sucesivo, en una escala supuestamente ascendente. Tal concepción desembocó en la frivolidad de las vanguardias: en una serie ininterrumpida de revoluciones que se iban anulando a sí mismas, que o iban dejando de serlo para ser sustituidas por otras, o que simplemente a su vez se convertían en tradición. Tal es el destino de un arte tan histórico, tal al paso de la alarido de la moda (las vanguardias) y de la razón histórica misma: ser aquello lógicamente posterior cronológicamente en la historia del pensamiento o del arte; y ser a la vez lo que mejor expresa a lo presente en su presente (presentismo). Razón y arte cuyo valor de “originalidad” radica en ponerse a “la altura del tiempo”, siguiendo su paso acelerado, su velocidad vertiginosa –precipitándose así insensiblemente en la caída (Picasso, Dalí, Rothko, De Kooning, Moterwell, Jaspers Jones, etc.).
   Al pensamiento romántico también se le ha querido defraudar, falsificándolo por medio de empujones para  sacarlo de su propio centro, al interpretarlo como un movimiento fundamentalmente irracional, que da prioridad al sentimiento sobre el pensamiento, volviéndolo así apenas una elaboración sofisticada del vitalismo vulgar o del sentimiento huero de lo cursi, como una falsa vindicación de lo raro o de lo particular (cinismo, hedonismo). Así, su destino no puede ser otro que el de la traición de la vida o el de la traición a la vida: ya renunciado al arte recurriendo orgullosamente solo al significante, a lo meramente artístico (esteticismo, arte abstracto), sin preocuparse por el contenido; ya soliviantando un arte social y comprometido con el tiempo, absorbido por sus valores pasajeros, es decir, por lo que perece y cambia (ilustración). En ambos casos, el pensamiento y el arte aparecen como parciales, fragmentarios, pero, sobre todo, como parcos, concluyendo en un balbuceo falto de desarrollo.
   Por lo contrario, el verdadero romanticismo se presenta más bien como un clasicismo moderno; que ni busca la novedad en sí, sino en dado caso la excepción, lo otro, lo raro, ya para que forme parte de la ley cuando puede ser reivindicado; ya para encontrar, si no su norma, cuando no puede ser sometido a valor universal, cuando menos sus ritmos poderosos y orgánicos, que explicarían así la otra cara, tentadora y fascinante, del sacrifico: la autodestrucción de la humillación o de la frustración, pasando revista entonces a los  impulsos que llevan a las almas a perderse en un absoluto o en un paraíso artificiales de naturaleza esencialmente tóxica (que van de las utopías históricas a las doctrinas tecnológicas, y de ahí a los barbitúricos).  Porque en dado caso lo que define al hombre romántico y al moderno espíritu del clasicismo es el rigor de la crítica, al estar interesado como su tema central en la interioridad infinita de la persona –de ahí la recurrencia en los temas, mayores y menores, que vuelven siempre en el arte y el pensamiento moderno verdadero, como son la preocupación por el símbolo y por la hermenéutica de la analogía.
   La época moderna, llevada y manipulada por los delgados hilos de la novedad, se ha perdido así en las apariencias, en las ilusiones que pronto se marchitan o en los desfiladeros de los deseos abismados por sus fantasías. Presa de la rivalidad interna que tiene su cita dentro del hombre mismo, han prevalecido los poderes oscuros del alma inferior sobre los luminosos, más reposados, sociales y espirituales, del alma superior –pues el impuso, el instinto, la tendencia, según piensan, es lo menos valioso pero la más potente, mientras que por más que sea el espíritu lo más valioso resulta lo más vulnerable y lo más débil. Es por ello que la actitud del más fuerte siempre ha sido la de no hablar, la de no dar razones de sus actos, renuente siempre a la debilidad del diálogo y a la fisura de la comunicación; erguido en su ser compacto y sin fisuras, el ídolo moderno puede dar así el denso espectáculo de la fuerza, no puede en cambio darnos la fuerza misma, sino solo fundar sobre el silencio la desgracia de los que se arrojan a sus pies para adorarlo.
   Cada época se desmaya de amor por su apariencia –sobre todo la nuestra, por ser la más alejada de la verdad y, por tanto, de la reflexión y de la ética. Nuestro tiempo, en efecto, está marcado por gustos cada vez más pasajeros y superficiales, y cada vez más instantáneos; el sentimiento de la verdad, si no ha desaparecido, en el mejor de los casos se ha vuelto ligero y, cuando no, decididamente desfavorable –ya se refugie en la locura gregaria del convencionalismo, ya se apertreche en las fingidas certidumbres de la ciencia o de la ideología, no fundadas en razón, sino en el deseo de acallar a otras voces, para convertirlas en el silencio en sus esclavas.








The Window Leonard Cohen


The Window
Leonard Cohen





Why do you stand by the window
Abandoned to beauty and pride
The thorn of the night in your bosom
The spear of the age in your side.

Lost in the rages of fragrance
Lost in the rags of remorse
Lost in the waves of a sickness
That loosens the high silver nerves.

Oh chosen love, Oh frozen love
Oh tangle of matter and ghost
Oh darling of angels, demons and saints
And the whole broken-hearted host
Gentle this soul

And come forth from the cloud of unknowing
And kiss the cheek of the moon
The New Jerusalem glowing
Why tarry all night in the ruin.

And leave no word of discomfort
And leave no observer to mourn
But climb on your tears and be silent
Like a rose on its ladder of thorns

Oh chosen love, Oh frozen love...

Then lay your rose on the fire
The fire give up to the sun
The sun give over to splendour
In the arms of the high holy one.

For the holy one dreams of a letter
Dreams of a letter's death
Oh bless thee continuous stutter
Of the word being made into flesh
Oh chosen love, Oh frozen love...
Gentle this soul


La Ventana

¿Por qué está usted parada junto a la ventana
Abandonados a la belleza y el orgullo?
La espina de la noche en tu seno
La lanza de la edad en el costado.

Perdida en el furor de la fragancia
Perdida en los harapos de remordimiento
Perdida en las olas de una enfermedad
Que desata los altos nervios de plata.

¡Oh amor escogido, oh amor congelado!
¡Oh laberinto de materia y fantasma!
¡Oh querida de ángeles, demonios y santos!
Y todo aquel con el corazón roto.
Suaviza esta alma.

Y sal de la nube de la ignorancia
Y besa la mejilla de la luna
La Nueva Jerusalén resplandeciente.
¿Por qué quedarse todas las noches en las ruinas?

Y no dejes lugar a la palabra de malestar
Y no dejes al observador llorando
Pero sube a tus lágrimas y guarda silencio
Como una rosa por su escalera de espinas.

¡Oh amor escogido, oh amor helado!
Oh enredo de materia y espíritu!
¡Oh querida de ángeles, demonios y santos!
Y todas las huestes con el corazón roto.
Apacigua esta alma.

Después tira tu rosa en el fuego
El fuego cederá al sol
Y el sol se entregará al esplendor
En los brazos del Santo Creador.

Porque el Santísimo sueña con una carta
Sueña con la muerte de una carta 
Oh, bendice el continuo tartamudeo 
De la palabra haciéndose en la carne. 

¡Oh amor escogido, oh amor congelado 

Oh enredo de materia y espíritu!
¡Oh querida de ángeles, demonios y santos
Y todas las huestes con el corazón roto!
Ablanda esta alma tuya 
Ablanda esta alma  




The Window  Leonard Cohen   



Amen (Traducida) Leonard Cohen


Amen
(Traducida)
Leonard Cohen




Tell me again when I've been to the river
Dímelo de nuevo cuando haya estado en el río
And I've taken the edge off my thirst
Y haya saciado mi sed.
Tell me again when we're alone and I'm listening
Dímelo otra vez cuando estemos solos y yo esté escuchando,
Listening so hard that it hurts
Escuchando tan atentamente que me duela.
Tell me again when I'm clean and sober
Dímelo otra vez cuando esté despejado y sobrio,
Tell me again when I've seen through the horror Tell
Dímelo otra vez cuando haya visto a través del horror.
me again, tell me over and over
Dímelo de nuevo, Dímelo una y otra vez,
Tell me that you want me then
Dime entonces lo que quieres de mí.
Amen, Amen, Amen... Amen
Amén, Amén, Amén... Amén.
Tell me again when the victims are singing
Dímelo de nuevo cuando las víctimas estén cantando
And the laws of remorse are restored
Y se hayan restaurado las leyes del arrepentimiento.
Tell me again that you know what I'm thinking
Dime otra vez que sabes lo que estoy pensando,
But vengeance belongs to the lord
Pero que la venganza pertenece al Señor.
Tell me again when I'm clean and I'm sober
Dímelo otra vez cuando esté despejado y sobrio,
Tell me again when I've seen through the horror
Dímelo otra vez cuando haya visto a través del horror,
Tell me again, tell me over and over
Dímelo de nuevo, Dímelo una y otra vez,
Tell me that you love me then
Dime entonces lo que quieres de mí.
Amen, Amen, Amen... Amen
Amén, Amén, Amén... Amén.
Tell me again when the day has been ransomed
Dímelo de nuevo cuando el día haya sido rescatado
And the night has no right to begin
Y la noche no tenga derecho a comenzar.
Try me again when the angels are panting
Inténtalo otra vez cuando los ángeles estén jadeando
And scratching at the door to come in
Y arañando la puerta para entrar.
Tell me again when I'm clean and I'm sober
Dímelo otra vez cuando esté despejado y sobrio,
Tell me again when I've seen through the horror
Dímelo otra vez cuando haya visto a través del horror,
Tell me again, tell me over and over
Dímelo de nuevo, Dímelo una y otra vez,
Tell me again that you need me then
Dime entonces lo que quieres de mí.
Amen, Amen, Amen... Amen
Amén, Amén, Amén... Amén.
Tell me again when the filth of the butcher
Dímelo otra vez cuando la suciedad del carnicero
Is washed in the blood of the lamb
Se lave en la sangre del cordero.
Tell me again when the rest of the culture
Dímelo otra vez cuando el resto de la cultura
Has passed through the eye of the cam
Haya pasado por el ojo del camello. (*)
Tell me again when I'm clean and I'm sober
Dímelo otra vez cuando esté despejado y sobrio,
Tell me again when I've seen through the horror
Dímelo otra vez cuando haya visto a través del horror,
Tell me again, tell me over and over
Dímelo de nuevo, Dímelo una y otra vez,
Tell me that you love me then
Dime entonces lo que quieres de mí.
Amen, Amen, Amen... Amen
Amén, Amén, Amén... Amén.