martes, 25 de marzo de 2014

Historia del Proceso Revolucionario de Manuel Guillermo de Lourdes Por Alberto Espinosa Orozco

Historia del Proceso Revolucionario de Manuel Guillermo de Lourdes
Por Alberto Espinosa Orozco 




I
   En 1934 Guillermo de Lourdes inicia una obra maestra para adornar ador el Palacio de Zambrano de Durango, llevando a cabo la gran serie: Historia del Proceso Revolucionario, destacando  La Lucha de Facciones, pero también, en el piso superior,  La Patria Abre los Brazos para Reconocer a sus Hijos. El pintor Horacio Rentería fue por ese tiempo su ayudante, correspondiéndole pintar en el mismo palacio, en 1935, los escudos de armas de los diferentes municipios. En ese mismo año empieza Mercedes Burciaga, ayudada por su hermana Luz María, y ambas asesoradas por Horacio Rentería y Francisco Montoya de la Cruz, a pintar el Centro Escolar Revolución, terminado la obra en 1936, cuando era gobernador Severino Ceniceros –aunque el Centro en realidad fue inaugurado en ese mismo año por su sucesor, el coronel Enrique Calderón.



   Así, entre 1934 y 1935 el Maestro de Lourdes se dio a la tarea de pintar un imponente conjunto de extraordinarios murales en la Antigua Casa de Zambrano, hoy Palacio Museo Francisco Villa, en la ciudad de Durango. Se trata de una serie de tableros realizados al óleo, de inspiración nacionalista bajo la óptica de un singular estilo ecléctico, entre clásico y modernista. El primero de ellos, titulado general “Historia del proceso Revolucionario”, comprende a su vez un gran número de obras, todas ellas pintadas en la planta baja del faustuoso edificio. Entrando por la puerta principal, en los dos muros laterales del zaguán nos sorprenden por su belleza clasicista los dos primeros murales del grupo, ambos de grandes dimensiones: “El Trabajo en la Hacienda Porfiriana”, que nos habla de las condiciones de esclavitud de aquella época , también conocido como “La Leva”, cuyo tema es el del violento reclutamiento de peones para el ejército durante el inicio de la Revolución.




 El primer tablero, que se encuentra a la entrada del edificio a mano la izquierda, “El Trabajo en la Hacienda Porfiriana”, nos habla efectivamente de las difíciles condícenos de los peones en las haciendas del siglo XX, prácticamente sometidos a la esclavitud, en un sistema económico donde imperaba la explotación del hombre por el hombre, muy cercano al sistema feudal. Se trata de un tablero en el que el diestro pincel del  maestro Guillermo de Lourdes demuestra la magnificencia de la escuela Española de pintura, haciendo gala su composición de las enseñanzas recibidas por su maestro Zuloaga. Entre todas las figuras se destaca el de una jovencita, casi un niña de precioso rostro que con mirada expectante contempla directamente de frente al espectador –adivinándose en la escena el drama que encierra, cuando la menor es entregada por su padre criollo, falto de recursos para mantenerla, al mestizo encomendero o caporal de la hacienda, habiendo en el cuadro La Acordada” algo de trágico misterio, de crueldad quiero decir, que nos deja una especie de vacío en la boca del estómago y un nudo en la garganta, recordando asimismo el drama de los relatos rurales dibujados por Don Ramón del Valle Inclán.





   En el patio principal del edifico continúa el desarrollo del extenso mural, seccionado en tres partes, las cuales van siguiendo cronológicamente y de manera narrativa el proceso histórico de la Revolución Mexicana al destacar a sus figuras más prominentes en cada uno de sus puntos. Abre la composición en el muro poniente con una grisalla, casi un dibujo a lápiz, donde se bosquejan los retratos de cuatro personajes, precursores el movimiento armado de la Revolución Mexicana. Se trata probablemente del Grupo Magonista integrado por Librado Rivera, Antonio I. Villarreal, Enrique y Ricardo Flores Magón. La imagen retrata a los fundadores del Club Libertario Ponciano Arriaga y del Partido Liberal Mexicano en 1904.[1]




   Queda por definir si el primer personaje, arriba a la izquierda, es el maestro Librado Ribera (1868-1932), oriundo de San Luis Potosí, quien colaborara en los periódicos El Hijo del Ahuizote y Regeneración, o si se trata de retrata la efigie de Aquiles Serdán (1877-1910), quien en 1909 fundó en Puebla el club político “Luz y Progreso”. El segundo personaje retratado sería Antonio Irineo Villareal González (1879-1944), quien fuera redactor del periódico “Regeneración” y pasó 3 años en Los Ángeles, apoyando a Francisco Ignacio Madero, llegando a ser posteriormente gobernador de Nuevo León. El tercero sería Enrique Flores Magón (1877-1954). Lo cierto es que aquel grupo de visionarios magonistas estaba integrado también por Juan Saravia Días de León (1882-1920), prisionero por el levantamiento contra Días de 1907 a 1911, el indio mayo anarquista Fernando Palomares (1882-¿? ) y el abogado y periodista Lázaro Gutiérrez de Lara (1870-1918). 
    Una mirada más atenta descubre en la cuarta figura el busto del Licenciado Antonio Díaz Soto y Gama (1880-1967) de San Luis Potosí, quien con Camilo Arriaga funda el Club Liberal Ponciano Arriaga en 1900 y el primer Congreso Liberal en San Luis Potosí, opositor del mal llamado Partido Científico, caracterizado por ser tan antidemocrático como por usar a gobernantes maniquís. Fue encarcelado en varias ocasiones, empero logró organizar a los liberales de Monterrey con Francisco E. Reyes y fundar en 1912 la Casa del Obrero Mundial en aquella ciudad, colaborando con Juan Sarabia en la redacción de un proyecto de ley agraria que contempla la expropiación de las tierras, para luego de ayudar a Madero apoyar e influenciar a Emiliano Zapata, tomando un papel relevante en el Plan de Ayala de 1913. Fustigó a los aristócratas regionales por su corrupción y avaricia.[2] 





   Inmediatamente después se despliega en el muro coloreado una escena revolucionaria particular, en el que destacan las figuras de Ricardo y Enrique Flores Magón, estudiado un plano y tomando las armas al frente de un grupo de campesinos inconformes. Los hermanos Flores Magón organizaron el Partido Liberal, al tiempo en que en el país surgían los primeros brotes violentos de inconformidad por la política desgastada del porfiriato, como las huelgas de Rio Blanco, de Cananea, de Acayuca.[3]
    En el siguiente tablero aparece el revolucionario Aquiles Serdán, resguardado por su madre, en la parte posterior, y junto a sus hermanos, Maximino y Carmen Serdán. Aquiles Serdán, al lado de Francisco I. Madero, inician en el Partido Antirreleccionista  el levantamiento armado en la ciudad de Puebla, pero es asesinado junto con dieciséis de los dieciocho insurgentes en un tiroteo en su casa, en la ciudad de Puebla, el 18 de noviembre el 1910, a manos del general Miguel Cabrera, jefe de la policía, figura que aparece en el fondo del tablero entre las moriscas construcciones de aquella ciudad. En la parte baja del tablero se encuentra una hermosa representación de Carmen Serdán llevando entre las manos unas esferas puestas a los pies del revolucionario –en clara alusión a las míticas Manzanas de Oro las Hespérides, símbolo de los más altos tesoros de la abnegación y de los sacrificio humanos. Si observamos en detalle se trata en realidad de un manojo de bombas, parecidas a granadas de mano, ofrecidas por la mujer al revolucionario como explosivo reclamo ante las insufribles injusticias del pofiriato.[4] Es uno de los frescos más bellos de todo el conjunto, donde aparecerá nuevamente la figura de la musa que recurrentemente tomó el artista como modelo para su pintura, aunque el tablero, hay que agregar, infortunadamente acusa severo maltrato en su parte baja, tanto por la incuria del descuido cuanto por la carcoma dejada por la lepra del salitre.[5]






[1] La organización del partido tuvo una gran influencia de los periodistas y escritores hermanos Flores Magón, quienes publicaron en San Luis Missouri los periódicos “Regeneración” (1902) y “El Hijo del Ahuizote” (1904). Oriundos de Oaxaca los hermanos Jesús Flores Magón (1871-1930), Ricardo Flores Magón (1874-1922) y Enrique Flores Magón (1877-1954) fueron importantes periodistas y políticos anarquistas que lucharon con todas sus fuerzas contra la dictadura de Porfirio Díaz, estando ligada su obra tanto a la fundación del Partido Liberal como a las famosas huelgas de Cananea y Río Blanco y a la Rebelión de Acayucan. Sus aspiraciones económico-polítcas y sociales, que incluían la idea de la abolición del Estado y de la propiedad privada,  se nutrieron de los utopistas Roberto Owen (1771-1858), Jean Baptiste Joseph Fourier (1768-1830) y León Tolstoy (1828-1910): y del pensamiento de los anarquistas Errico Malatesta (1853-1932), Piotr Kropotkin (1842-1921), Mijail Alexandrovich Bakunin (1814-1876); Karl Heinrich Marx (1818-1883) y Friederich Engels (1820-1895).
[2] En el Congreso de Escritores de la Sed “José Revueltas 2013” hubo recientemente un espontáneo debate sobre la identidad de aquellos personajes, en el que participaron Emilio Díaz Cervantes, Víctor Palencia Alonso, Everardo Ramírez Puentes y Benjamín Torres Vargas, Juan Emigdio Pérez, entre otros intelectuales de la entidad, quienes realizaron interesantes conjeturas acerca de la identidad de los retratados: aparecieron entonces ante la imaginación las figuras de Francisco J. Mújica (18874-1954); de Felipe Ángeles Ramírez (el gran mártir de la Revolución Mexicana, 181868-1919); pero también el joven comandante Gustavo Lucio Blanco (¿?), hasta llegar a Vicente Lombardo Toledano (1894-1968), quien dentro del “Ateneo de la Juventud” escribía por aquel tiempo su libro de Ética bajo el comando de Antonio Caso, disciplina que abandonó después para entrar bajo  las órdenes del stalinismo internacional y erigir en México la moderna idolatría del partido y del culto a la personalidad. Debate fecundo, pues hay algo de indeterminación en esa primera grisalla que, como en las obras abiertas del arte contemporáneo, invita justamente al vuelo libre, imaginativo, de la reminiscencia histórica y revolucionaria.
[3] Cronista de Ocampo Profesor  José de la O Holguín, “Murales de Palacio de Gobierno en Durango”, revista Durangueñeidad, Año 1, número 3, febrero de 2007. Págs. 12 a 15.
[4] El mito griego recuerda que  en las bodas de Zeus con Gea, la madre Gea le regaló a su nuera unas precisas ramas de las que pendían manzanas de oro, las cuales otorgaban la inmortalidad, el poder de la vida y la juventud eterna.  Las Hespérides (las Hijas del Atardecer) aceptaron que fueran sembradas en su jardín por Hera, siendo protegidas los árboles en que se convirtieron por Ladon, el temible dragón de10 cabezas. La manzana e así inmediatamente símbolo del conocimiento primordial, representando entonces tanto el conocimiento iniciático y la entronización del hombre como su caída mortal.   Su forma esférica caprichosa nos habla entonces de la frescura perenne de la mujer, del orbe de la renovación periódica de la naturaleza y de la inmortalidad –estando en el corazón del fruto al partirlo por la mitad, trasversalmente, la estrella de cinco puntas, el pentagrama místico. Hay que recordar que le primer mural de Diego Rivera, “La creación, parecen las míticas manzanas de oro de las Hespérides, utilizando Guillermo de Lourdes el simbolismo en un tono más cívico y heroico en esta ocasión.
[5] Loas murales de Guillermo de Lourdes en Palacio de Gobierno fueron restaurados entre 2002 y 2004 por el restaurador Gilberto Alonso y el artista Luis Sandoval.




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