miércoles, 7 de enero de 2015

Fidencio Lucano Nava : la Asamblea del Mármol y el Bronce: Por Alberto Espinosa Orozco


 Fidencio Lucano Nava: la Asamblea del Mármol y el Bronce: 
Por Alberto Espinosa Orozco 




I.- Asamblea del Mármol y el Bronce
   A 110 años de la génesis del Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, que empezó a construirse en 1904 al igual que el Palacio de Bellas Artes, y que hoy en día y a partir del año de 1982 alberga al MUNAL (Museo Nacional de Arte, INBA), vale la pena detenerse por un momento en su interior y echar una mirada a su maravillosa colección de arte. El MUNAL cuenta con un amplio acervo de arte mexicano, con más de 4 mil piezas, de los Siglos XVI al XX. Imposible en este espacio revisar algo más que una muestra representativa de sus colecciones: la asamblea del mármol y el bronce, donde se dan cita las obras de los escultores más destacados de mediados y fines del Siglo XIX mexicano.






II.- Fidencio Lucano Nava
   Fidencio Lucano Nava (1869-1938) nació en la ciudad de Jalapa, Veracruz, hacia 1871. Ingresó a la ENBA a los 19 años de edad, en 1890, siendo pensionado un año después por el gobierno de Veracruz debido a su gran aprovechamiento. Su primera obra digna de mención fue un busto de “Diana”, rifada en concurso. Estudiando en la Antigua Academia de San Carlos los 6 baños de la carrera de escultor, hasta 1896, bajo la dirección del artista italiano Enrique Alciati, con quien aprendió la gracia clásica del arte griego. En 1899 presentó con éxito el proyecto de altorrelieve puesto por su maestro “Nicolás Bravo otorga el perdón a trescientos prisioneros realistas” como tema para concurso, del cual ya se había ocupado en una pintura Natal Posado.
   En 1900 marcha a Francia pensionado por el gobierno y estudia en la Academia de Bellas Artes de París. Termina en 1901 su escultura “Arcadia”, vendida al gobierno de México por mil pesos. En 1904 presenta: “Fuente a Sileno”, “Petit Boudoir”, “Poupeé Delaissé”. “Las Sílfides”, “Estudio de Familia” y “Vacaciones”, que llamaron la atención por su originalidad. Participa en 1906 en la exposición presentada por la revista Savia Moderna con una de sus obras maestras: “Aprés l órgie”, poderoso desnudo femenino cuya sensual modelo expresa la lucha entre el morbo de la carne y la belleza. Estuvieron también presentes las obras que remitió desde Francia: “Bailarina sueca”, “Flores de Suecia”, y un busto en bronce de “Amado Nervo”, reservado para su familia, lote que vendió a la Academia de San Carlos por 4 mil pesos. Dos obras más del grupo, “El Dolor” y “El Espanto” gustaron, aunque fueron calificadas de académicas.
   Regresa a México en 1909 y en junio de 1910 es nombrado para la Cátedra de Modelado en la Antigua Academia de San Carlos. Monta su propio taller con los escultores Manuel Concha y Leopoldo Godoy, instalado en una ruinosa dependencia en ruinas de lo que fuera el Convento de San Francisco, trabajando una colosal estatua de 5.5 metros de “Vicente Guerrero” para la ciudad de Chilpancingo, Guerrero.
   El jalapeño Fidencio Nava formó parte del escogido grupo de escultores formados en la Academia de San Carlos becados por el gobierno para perfeccionarse en París y continuar sus estudios, siguiendo la trayectoria de Manuel Noreña (1843-1894) y Gabriel Guerra (1847-1942), encontrándose en la ciudad del Sena con otros escultores veracruzanos, Arnulfo Domínguez Bello (1886- 1948) y Enrique Guerra (1871-1943), en el tiempo en que el artista hidrocálido José Fructuoso Contreras (1866-1902) trabajaba en la ciudad luz, por la que también pasaron fugazmente los cinceles de Agustín L. Ocampo. Escultores a los que fue dado cincelar una o más piezas insólitas, de gran visión y detenimiento en las formas clásicas y puras, reproducidas en el mármol con maestría y perfección, representando especialmente las nuevas angustias y sinsabores de la psique finisecular bajo la forma del alma femenina.
    Hay que agregar aquí que todos ellos dialogan con la tradición escultórica del neoclasicismo, siendo la escultura insigne de ese periodo la representación de “Pisque y Eros”, también llamada “El Amor y Psique” o “El beso”, del pintor y escultor italiano Antonio Canova (Possagno,1757-Venecia, 1822). Obra en la que Psique es reanimada por el beso de Eros (o el amor), la cual condensa en mármol la historia mítica de la pareja, relatada por Apuleyo  en el Asno de oro  (Siglo II), y que es conservada en el Museo del Louvre en París.







   El grupo, formado en la Escuela de Bellas Artes de México, dejó sentir en plenitud la influencia modernista de los grandes escultores franceses románticos, especialmente de Augusto Rodín ((1840-1937), pero también de Arístides Maillol (1861-1944), cuya libertad expresiva abrió nuevos horizontes, dando a sus obras, contra la rigidez neoclásica, mayor movimiento, ligereza e incluso voluptuosidad. Los escultores mexicanos del periodo modernista destacaron sobre todo por una gran audacia técnica en el manejo de los materiales, resuelta en una fina expresividad –lo que les permitió, con justos méritos, ser incluidos en el cosmos selecto de la denominada Belle Époque.
   La obra de Fidencio Lucano Nava representan mejor que nadie la escuela modernista mexicana, la cual reclamaba una especie de esteticismo cosmopolita, marcado por el decadentismo de la época, expresivo de los sentimientos de desasosiego del alma, la fe ciega en el progreso y la sensación de desposesión por el progresivo abandono de las virtudes del espíritu.
   Una de las piezas más representativas del Museo Nacional de Arte es la escultura de Federico Nava “Aprés l´Orgie” (“Después de la Orgía”). La bella obra escultórica preside la gran colección de arte al recibir al visitante en la planta baja del hall de la escalera central. Se trata de la figura de una bacante yaciendo tensa y exhausta luego de una celebración dionisiaca. Llama la atención por el detalle de su hermoso cuerpo voluptuoso, tratado por el escultor con exuberancia y franca osadía; también la visión clásica de una forma imbuida de romanticismo y decadencia.



  La obra que recibe a los visitantes a la entrada del espejeante y estrecho hall del MUNAL, “Aprés l´Orgie”, fue realizada en el año de 1909. La magnífica figura femenina está como arrancada de la piedra marmórea, de cuya materia en bruto se encuentra a la vez flotando y atapada, como suspendida en la roca, en el momento final del éxtasis y del deseo cumplido, saciado y perennemente insatisfecho. Se trata de la forma plena del cuerpo femenino en el momento en que yace, exhausto, luego de celebrar los ritos dionisiacos y sumergirse en los deleites y delicuescencias de la trasgresión carnal. Sobresale la torsión de la jovial cintura que, ya en el desvanecimiento de la tensión erótica, muestra sin pudicia la opulencia de las rotundas caderas, en contraste con la mano izquierda que toca la pared vertical de la piedra a la que se aferra, reforzada por la posición de la cabeza, postrada en el suelo, llegando los cabellos en desorden a la parte más baja del bloque, al que sigue el tacto del de la mano del brazo derecho, ya confundidos o fundidos con la dura frialdad de la roca –causando en el espectador profundos sentimientos contradictorios.





   Perturbadora imagen del momento final de la caída hacia atrás, es verdad, que indica en la forma definitiva de la piedra la idea del alma femenina en el tramo final del rapto pagano afrodisiaco, que nos deja ver lo que puede tener de “experiencia solitaria”, donde por razón de la mera voluptuosidad y la lujuria se vuelve imposible la comunicación real entre las partes, quedando como suspendida en el vuelo de la caída, en expresión del éxtasis de la belleza misma, pero sin poder alcanzar la verdadera hermosura, ni por tanto dialogar o participación con el otro. Imagen cincelada en el mármol blanco de la belleza en la plenitud de sus formas, pero que resulta muda, apresada en la caverna ciega, sorda y fría del desolado y espléndido mármol de Carrara.





   Forma incandescente, pues, que se vuelve sin embargo como de sal o hielo, absorbida por el alma inferior, oscura y lunar, de la psique, y que al haberse postulado como puro objeto del deseo es reclamada en el desmayo otra vez por la materia. Imagen del deseo del alma devorada por la voluptuosidad, que refleja la pasión pura, abstracta, sin esperanza y sin lenguaje, reflejada en el cuerpo como organismo vivo, pero deshabitado e inerte.
   Figura llena de dramatismo, que expresa el momento en que la forma femenina, arrebatada por el río de los cuerpos, se desliza inconsciente por las aguas que corren hacia abajo, absorbida por la tendencia disgregadora y reaccionaria de la vida, para retornar al estado en bruto y en reposo de la materia inerte. Imagen de la pereza también, del pecado capital de la negación de la vida hacia atrás, que luego del acto de lujuria se sumerge y hunde en el olvido de la vida, y en el olvido de sí se va a fondo, a pique, a morir –para extraviarse finalmente en las aguas pútridas del marasmo y la descomposición.






   Otra obra importante de Federico Lucano Nava, resguardada en el MUNAL, que da cuenta de su maestría en el opulento tratamiento de la forma humana femenina, es el bloque de mármol de Carrara titulado “Andrómeda Abandonada” (1898). La estatua de mármol nos habla en esta ocasión de otro abandono, no a los instintos y pasiones del cuerpo, sino de la belleza misma por su amante, pues capta el momento en que Andrómeda es abandonada en la isla Día por Teseo en su camino a Atenas, luego de que el héroe dio muerte al temible Minotauro. Escultura de rara perfección, de la que existe una réplica en bronce en el Paseo de los Escultores, abierto en 1997 en la acera sur de Avenida Juárez, frente a Hemiciclo a Juárez de la Alameda Central.















1 comentario:

  1. excelente trabajo. Esa es una de mis esculturas favoritas. La de Ariadna. y de hecho hice un cuento alusivo en mi séptimo libro. Felicidades

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