domingo, 23 de noviembre de 2014

El Viejo Teatro Nacional Por Alberto Espinosa Orozco

El  Palacio de Bellas Artes: a 110 Años de su Nacimiento:
La Arquitectura Porfirista: el Viejo Teatro Nacional
Por Alberto Espinosa Orozco
(Primera parte) 






                                                                                   Desconocer el pasado y la historia, es como ser extranjero en la propia tierra”.
Herodoto
I.- El Viejo Teatro Nacional
   El Palacio de Bellas Artes comenzó… por no existir. Antes de su existencia siquiera in mente o ideal existía el antiguo Teatro Nacional, diseñado y construido por el arquitecto español Lorenzo de la Hidalga al estilo clásico semejante al de la Escala de Milán  a partir de 1840. Destacaban al frente cuatro columnas corintias de dos pisos y en lo alto un gran barandal de hierro flanqueado por por so pilastras y en el remate del pórtico la base para seis estatuas que nunca fueron colocadas. Fue inaugurado en 1844 por el Presidente de la Republica Santa Anna, el cual se localizaba en el remate de la calle de 5 de Mayo, cerrando la avenida, sobre la calle de Vergara (hoy Bolívar).[1]


   Durante 50 años fue sede de las más altas manifestaciones artísticas en la ciudad de México, representándose en su interior obras de teatro y ejecutándose obras de ópera, opereta y zarzuela. Sus usos fueron, sin embargo, muy variados, pues dio cabida tanto a bailes de máscaras, sinnúmeras ceremonias civiles y aniversarios de la Independencia. Su aforo era inmenso, ya que contaba con más de 3 mil 500 butacas -mil 500 más que el actual Palacio de Bellas Artes.





   En 1854 se ejecutó por primera vez en su foro el Himno Nacional Mexicano, creación del poeta Francisco González Bocanegra y música del filarmónico español Jaime Nunó.[2] Se le conoció con varios nombres: como teatro de Santa Anna, Teatro Imperial, Teatro Nacional, Teatro Principal y Teatro Vergara, habiendo sido la construcción más importante de su tiempo por mas de 50 años en la Ciudad de México.
   El hombre destinado a proyectar y construir el Palacio de Bellas Artes, el ingeniero italiano Adamo Boari, se estableció en México en 1899 contratado por el gobierno de Porfirio Díaz para proyectar y diseñar algunos edificios, remodelar Palacio Nacional y el antiguo Teatro Nacional -el cual finalmente fue demolido entre diciembre de 1900 y  1901, abriéndose con ello la calle de 5 de mayo. Vale la pena recordar que el último concierto en el gran teatro principal se llevó a cabo en marzo de 1900, ejecutado por uno de los más grandes pianistas de todos los tiempos, el también político Ignacio Paderesky.[3]




   Dentro del proyecto porfirista de modernizar a la nación ocupaba un lugar preponderante la idea de dotar a la ciudad de México con una serie de egregias edificaciones, cuyo esplendor arquitectónico lo hiciera comparable a las grandes capitales modernas de Europa y el mundo. Los proyectos de cosmopolitismo incluyeron, entre muchos más, la edificación del Hospital General, de Roberto Gayol (1905), en la Colonia Doctores, y el proyecto para la construcción del Instituto Geológico Nacional, de Carlos Herrera (1900-1906). 
   La decisión de remodelar el Teatro Nacional encontró diversos obstáculos, por lo que se decidió mejor desmantelarlo, tomando Adamo Boari el proyecto del Nuevo Teatro Nacional en sus manos, el cual debía construirse sobre un gran terreno entre las calles de Mirador (Ángela Peralta), Santa Isabel (Eje Central), Hidalgo y Puente de San Francisco (Juárez). La decisión de construir el Nuevo Teatro Nacional que sería a la postre el Palacio de Bellas Artes, sin embargo, demoró varios años, tiempo aprovechado por el arquitecto Adamo Boari para convencer a las autoridades de transformar totalmente la zona y edificar un teatro moderno a la altura de los tiempos, época en la viajó al extranjero para fertilizar sus ideas y construir el nuevo recinto, y en la que  realizó otras importantes edificaciones en el país, sobresaliendo el esplendoroso Palacio de Correos.





[1] Lorenzo de la Hidalga (1810-1872) fue el arquitecto encargado de restaurar y reconstruir el Templode Santa tere4sa la Antiguas, de diseñar y construir la cúpula; realizó las obras del palacio Imperial en la era de Maximiliano I, y al final de su vida levantó la casa de Don Victor Escandón, en 1871, junto al llamado palacio de los Azulejos. Litografía cercana a 1875 donde se puede ver la avenida 5 de Mayo hacia el poniente. Al fondo está la fachada del Teatro Nacional, que cerraba la calle a la altura del cruce con Bolívar, antes llamada Vergara. Ver los dos cromos de Pedro Gualdi del Teatro Nacional de 1852.
[2] En 1849 durante la presidencia federal de José Joaquín de Herrera se formó una llamada Junta Patriótica de la Ciudad de México que, a través de la Academia de San Juan de Letrán, organizó un concurso para buscar una letra que junto a la música del pianista austriaco Henri Herz, pudiera formar un himno nacional. Ese primer concurso fue la propuesta más seria hasta el momento, incluía entre sus jueces a personajes muy destacados de la época, como Andrés Quintana Roo, Manuel Lacunza, José Joaquín Pesado, Manuel Carpio y Alejandro Arango y Escandón. El concurso fue ganado por el estadounidenseAndrés David Bradburn, lo cual junto con el contenido de la obra hizo que fuera un verdadero fracaso que terminó por olvidarse. En 1850, la misma Academia de San Juan de Letrán realizó su propio concurso para musicalizar un poema del cubano Juan Miguel Lozada, la música seleccionada fue obra de Nicolás-Charles Bochsa, pero al ser un poema muy centrado en la figura del presidente José Joaquín de Herrera no trascendió. Durante ese año el músico italiano Antonio Barilli propuso dos himnos,, los cuales no fueron del agrado del pueblo mexicano. En 1851, otro músico de origen checo, Max Maretzek, presentó su propuesta, la que tampoco fructificó. En abril de 1853, el italiano Inocencio Pellegrini, presentó su “Canto Nacional” sin mucho éxito y en diciembre de 1853, otro músico de apellido Infante creó una composición patriótica dedicada a Antonio López de Santa Anna la cual solo se tocó una noche. Otras personalidades que presentaron propuestas fueron: Fernando Calderón y Beltrán, José María Garmendia, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Mariano Elízaga y José María Heredia.  el 12 de noviembre de 1853 el Diario Oficial del gobierno de la República Mexicana dio a conocer un doble concurso, cuyo fin y orden seria seleccionar un poema patriótico y su musicalización posterior para formar un Himno a la Patria. El resultado para la letra se publicó el 4 de febrero de 1854 en el diario oficial junto a la letra, siendo ganador el potosino Francisco González Bocanegra. Tras darse a conocer al ganador de la letra se abrió el concurso de la música, se realizó como se decía en un mes, siendo ganadora la obra del músico italiano Giovanni Bottesini, pero simplemente no gusto, debido lo cual el concurso se prolongó hasta los ciento ochenta días, mientras el 18 de mayo de 1854 se estrenó en el Teatro Santa Anna. con las voces de la soprano Enriqueta Sontage y el tenor Gaspar Pozzolini. Tras la prolongación a ciento ochenta días, fue la propuesta del músico español Jaime Nunó Roca la que ganó, músico que era por entonces director de las bandas de guerra del ejército nacional. Su obra, con el seudónimo Dios y Libertad, fue declarada ganadora el 12 de agosto de 1854 por medio del Diario Oficial del gobierno de la República Mexicana. El himno fue aceptado el día de la independencia del mismo año. La interpretación inaugural fue dirigida por Giovanni Bottesini, cantado por Claudia Florenti y Lorenzo Salvi, y coros del teatro a cargo de René Masón y Pedro Carvajal, en el Teatro Santa Anna. Al contrario de todos los intentos anteriores su éxito fue casi inmediato y su partitura se vendió en las calles En la actualidad el Himno Nacional se ha recortado, y de las diez estrofas originales hoy sólo se cantan cuatro, más el coro:

Coro:

Mexicanos, al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón;
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón.

Estrofas:

I
Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió.
Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio.
II
¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la patria manchar los blasones!
¡guerra, guerra! los patrios pendones
en las olas de sangre empapad.
¡Guerra, guerra! en el monte, en el valle,
los cañones horrísonos truenen
y los ecos sonoros resuenen
con las voces de ¡Unión! ¡Libertad!
III
Antes, Patria, que inermes tus hijos
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe su pie.
Y tus templos, palacios y torres
se derrumben con hórrido estruendo,
y sus ruinas existan diciendo:
de mil héroes la patria aquí fue.
IV
¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran
exhalar en tus aras su aliento,
si el clarín con su bélico acento
los convoca a lidiar con valor.
¡Para ti las guirnaldas de oliva!
¡un recuerdo para ellos de gloria!
¡un laurel para ti de victoria!
¡un sepulcro para ellos de honor!

[3] La reseña de ese concierto así como toda la historia del teatro nacional puede verse en: Manuel Mañón, Historia del viejo Gran Teatro Nacional. INBA, CONACULTA. Tomo I. 170 pp., Tomo II 390 pp. 








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