martes, 30 de agosto de 2016

Jesús Buenaventura González: en un Viejo Baúl de la Memoria Por Alberto Espinosa Orozco

Jesús Buenaventura González: en un Viejo  Baúl de la Memoria
Por Alberto Espinosa Orozco

“Soy un poeta que no puedo daros
más que un poco de ensueño y de cariño,
ensueño por volver a contemplaros
y amor porque recuerdo que fui niño”.
Jesús B. González



I
En el ático de los recueros familiares, en un viejo baúl zacatecano, entre ajadas litografías, postales y revistas de otro tiempo, descansa la memoria de Jesús Buenaventura González Flores (1887-1955). Editor, periodista, poeta y animador cultural, Jesús B. González fue el fiel e inseparable amigo del poeta jerezano Ramón López Velarde, figura que ejercía en el medio familiar una especie de irresistible influjo y de extraña veneración, al que se le rendía culto en las reuniones celebradas cada domingo en la casa de mi querido padre Salvador Espinoza González, quien convocaba a toda la parentela zacatecana avecindad  en la Ciudad de México. Nunca faltaba entre los asistentes a aquella nimia asamblea dominical María Luisa Berumen, una mujer de muchos años, en cierto modo intemporal, a quien sin saber por qué razón todos llamábamos la Tía “Bichi”, parienta del inmortal bardo zacatecano, y a quien Ramón López Velarde llamaba justamente “La Parienta” –por ser parienta cercana de María Trinidad Berumen, madre del admirado poeta.  


 Sus padres fueron Epigmenio González Sánchez, presidente Municipal de Guadalupe, Zacatecas y patriarca benefactor de la región por muchos años (1874-1894), y de María José de la Concepción Cecilia Flores Maciel, llamada afectuosamente “Mamá Quica”, dedicada a realizar colectas y obras de caridad en la misma localidad, hermana a su vez del poeta y periodista Ignacio Flores Maciel. La pareja, además de Jesús Buenaventura, engendraron a Epigmenio, a Mercedes y a Victoriano, conocido como el Tío Tolano. Mercedes González Flores casaría en la ciudad de Zacatecas con Enrique Espinosa Dávila, primogénito del floreciente litógrafo Nazario Espinosa Araujo, pareja que engendraría a diez hijos, el menor de ellos Salvador Espinosa González, mi padre, a quien afectuosamente le llamaban el “Nene”, por ser el menor de todos los varones y a quien sólo le seguía mi tía Aurora.







II
Jesús B. González nació en una casona de la calle de Tránsito, en la ciudad de Guadalupe, Zacatecas, a un lado del Hotel Guadalupe y de la Presidencia Municipal, junto a la residencia del minero Mateo López Velarde. Quedó huérfano a la edad de siete años cuando Don Epigmenio González Sánchez se cayó de un caballo y se mató. De los 15 a los 17 años estudió en el seminario Conciliar de la Purísima, entre 1902 y 1905. Su primer oficio fue como tipógrafo e impresor en los Talleres Litográficos de Don Nazario Espinosa,  dada la relación de matrimonio entre su hermana Mercedes y Enrique, el hijo del artista, enamorándose así para siempre del olor del papel húmedo, de la tinta fresca, de la magia de la letra impresa y del bullicioso ambiente editorial.




El joven Jesús Buenaventura aprendió de joven a hacer de todo, viajando de Zacatecas a Guadalajara y siendo el principal animador del Centro Patriótico Zacatecano García de la Cadena, donde organizaba todo tipo de actividades culturales, desde kermeses hasta funciones de teatro y fiestas. Fue socio de una firma mercantil, con Enrique Lébre, con la Cía. González y Lébre, fundando la tienda “El Trébol”, al norte de la Plaza de Armas, en los bajos de la enorme casona profiriana de la familia Legen Flores, donde vendían desde modernas máquinas de escribir a elegante ropa de importación parisina. De 1911 a 1914 participó como redactor y luego como director, junto con su tío Ignacio Flores Maciel, en la Revista Literaria de Zacatecas de Don José Reveles, contando con las colaboraciones de Enrique Lébre, Rodolfo Villalpando y Pedro de Alba. En 1912 fue redactor del El Demócrata, órgano del partido católico de Rafael Ceniceros, donde colaboraban Fernando Aguilar y Urizar, el Dr., Guillermo López de Lara, Ezequiel a Dueñas y el poeta y periodista Ignacio Flores Maciel. En política destacó por fundar la Sociedad de Empleados, donde organizó la defensa del descanso dominical, mientras que con su gran amigo el poeta Ramón López Velarde hacia mancuerna como compañero de fórmula para alcanzar una diputación, sin alcanzar éxito en el sufragio.  
Trabajando como cajero y contador para el Banco Nacional de Zacatecas, de la familia Sescose, único en la región, fundó el pasquín El Cañonazo, donde con agudo humor criticaba todo lo criticable. Ante los sobresaltos de la toma de Zacatecas por las huestes revolucionarias, corrió el fuerte rumor de que lo querían matar, ante cuya amenaza decidió marchar a la Ciudad de México. Sin embargo, yendo de camino, decidió mejor estacionarse por muchos meses en el poblado de Tlaltenango del Valle, adoptado en la Hacienda de la Cofradía por el agricultor vasco Don Víctor Berasategui y su esposa Doña Ana Martín Chávez. Poblado alejado de los absurdos extremos del agrarismo, Jesús Buenaventura descubrió una curiosa sociedad hospitalaria, que pronto lo nombró Presidente de la Junta Patriótica, poniéndose así a organizar la cultura local mediante una serie de eventos artísticos, deportivos y de espectáculos, que iban de los equipos de futbol a las carreras de relevos, y de las carreras de caballos a las funciones teatrales, a la vez que fungía como representante de Banco de Zacatecas.



III
En cuanto llegó a la Ciudad de México Jesús B. González se encontró con su amigo Ramón López Velarde, quien trabajaba en la SEP al frente del departamento Universitario, siendo su primera encomienda corregir La Sangre Devota, por lo que el poeta le llamaba el “tío carnal” del libro. El bate era por entonces profesor interino de literatura en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso y cortejaba a una mujer diez años mayor que él, llamada Margarita Quijano, romance que perduró de 1915 a 1918.



Durante el breve periodo en la presidencia de Roque González Garza, Ramón López Velarde fue titular de la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes, siendo rápidamente sustituido en el cargo por Ramón Ramos Rea con el presidente Francisco Lagos Chazaro. Mientras tanto, Jesús B. González fundó una imprenta, primero en la Calle de Regina, y luego en la Calle de San Fernando, donde editó las revistas Multicolor y Pegaso, ésta última vigente de mazo a junio de 1917, comandada por Enrique González Martínez y Ramón  López Velarde, donde colaboraron José Vasconcelos y el poeta lagunero Francisco González de León.
Con el nuevo gobierno de Venustiano Carranza, en 1919, Ramón López Velarde, quien contaba con 31 años, fue secretario personal del Ministro de Gobernación Manuel Aguirre Berlanga, llamando a Jesús B. González a su lado como auxiliar, quien lo ayudó a publicar su segundo libro, Zozobra, editado por la revista México Moderno.
En 1920, ante el derrumbe del gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza, ambos literatos acompañados de Manuel de la Parra, tuvieron que abordar el tren del presidente que lo llevaría finalmente a Tlaxcalaltongo, aunque los tres amigos bajaron en la Villa de Guadalupe, al paso que perdían sus respectivos puestos de trabajo. Viaje breve, aparentemente, pero que figuradamente semejaba el viaje a las Hespérides en búsqueda de la piedra mágica heliotropo, realizado muchos siglos atrás por los pintores Buffalmaco, Bruno y Calandrino, según cuenta una de las cien historias narradas por Giovanni Boccaccio en el Decamerón (Jornada VIII, Novela III). Al igual que el famoso pintor florentino Buonamico di Martino Buffalmaco (1290-1340), quien en actitud moderna se disfrazaba de burlador para esquivar la petrificación de la solemnidad y decir las cosas más graves, Jesús Buenaventura González fue también un humorista, simpático y agradable, que supo ver la vida como una comedia de equivocaciones y en la misma Revolución la famosa piedra heliotropo, esa calcedonia verde negruzco con incrustaciones rojas de óxido de hierro, esa “piedra de sangre” que refleja la luz del sol. Es por ello que desde entonces se le conoció en los medios periodísticos y literarios de la capital como Jesús B. González “Buffalmaco”.





Jesús B. González entro a trabajar como comandante del estado mayor del general Enrique Estrada (1890-1942), nativo de Moyahua, Zacatecas, quien fue Secretario de Guerra y Marina de 1921 a 1922, habiendo sido gobernador de Zacatecas de 1917 a 1920. José Vasconcelos se prestó a rescatarlo de esa imposible tarea y lo contrató como asesor en la SEP, donde trabajó junto con Gabriela Mistral. Mientras tanto Ramón López Velarde volvió a sus clases de literatura castellana en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso y en la escuela de Altos Estudios de la Universidad.





         Los dos grandes amigos se separaron en este mundo el 19 de julio de 1921, cuando Ramón López Velarde murió de asfixia en su habitación de soltero de Avenida Jalisco #71, Departamento #9, por causa de una bronconeumonía y tal vez de la sífilis, a los 33 años de edad. Además de Buffalmaco, lo acompañaban en esa hora aciaga los doctores Pedro de Alba y su hermano Jesús López Velarde, Rafael López, Enrique Fernández Ledesma y su madre María Trinidad Berumen, quien cundo se le acercó para acariciar sus largas manos espatuladas, el poeta la beso en la frente y bebió sus lágrimas. Por iniciativa de José Vasconcelos la Cámara de Diputadas del gobierno de Álvaro Obregón guardó tres días de luto, y el mismo mes de julio la revista El Maestro de la SEP publicó su poema La Suave Patria. Al conmemorarse tres años de su muerte Fernando Rodarte, gobernador de Zacatecas, organizó con Jesús B. González una ceremonia en el Cerro de Bufa para glorificar la memoria del jerezano bate inmortal.




Casa de Ramón López Velarde en la calle Álvaro Obregón #73 en Ciudad de México

IV
         Jesús B. González, quien efectivamente firmaba sus notas con el pseudónimo de “Buffalmaco”, fue sobre todo crítico de espectáculos, al que siempre se le veía acompañado de Ramón López Velarde en el teatro Iris y en el teatro Colón, con su “chaleco futurista y calzado fabuloso”. Época en la cual la Revista de Revistas editó, par 1916, La Sangre Devota.
En alguna ocasión, luego de la debacle carrancista, encontró a Jesús Buenaventura el pintor Gerardo Murillo Cornado, mejor conocido como el Dr. Atl, cuando caminaba sin un centavo por las calles céntricas de la Ciudad de México, luego de huir con un cocinero amanerado y vestido con una blusa de mujer color de rosa del fatídico tren constitucionalista y de salvar milagrosamente la vida. Buffalmaco se prestó a ayudarlo, pidiéndole un libro para editárselo- El periodista zacatecano cumplió su promesa. El libro resultó ser un poemario: La Sinfonía del Popocatépetl, impreso por la revista México Moderno en 1921. La misma editorial había publicado en 1919 Zozobra de Ramón López Velarde en la colección Biblioteca de Autores Mexicanos Modernos, con portada de Saturnino Herrán, y en la que el bardo jerezano dedicó un poema a Jesús B. González: “A la Bizarra Capital de mi Estado”. 
Fue fundador y animar de Revista de Revistas y editorialista de Excélsior durante décadas, siendo célebre su columna “La Semana dentro de 50 años”, donde combinaba el humor con el profetismo, cultivando una refinada prosa modernista, de ecos clasicistas y subida erudición, que todavía se cultiva en Zacatecas por escritores como Enrique Salinas Enríquez, y que éste mismo ha denominado "barroco chichimeca". La publicación más personal de Jesús B. González fue la Revista de variedades Chicomostoc, vigente de 1936 a 1944, en la que se alternaba el relato costumbrista, el cuento, la crítica de arte y espectáculos y las tradiciones de la cultura popular –revista que el cronista de Guadalupe Bernardo del Hoyo Calzada ha seguido de cerca y de la cual atesora algunos ejemplares.









         Hombre recto, ingenioso y refinado, socialista de aspiraciones democráticas y cristianas, el poeta y periodista Jesús B. González llegó a ser senador de la república, oficial mayor de la Secretaría de Gobernación y director del diario El Heraldo de México. Murió en la Ciudad de México el 12 de mayo de 1955 a los 78 años de edad, dejando como legado literario el libro de poemas Las Barcas de papel, además de Mis amigos los muertos, Mi viaje por América del Sur y las biografías de Ramón López Velarde y de  Francisco García Salinas.
.
A la Bizarra Capital de mi Estado
A Jesús B. González

He de encomiar en verso sincerista
la capital bizarra
de mi Estado, que es un
cielo cruel y una tierra colorada.

Una frialdad unánime
en el ambiente, y unas recatadas
señoritas con rostro de manzana,
ilustraciones prófugas
De las cajas de pasas.

Católicos de Pedro el Ermitaño
y jacobinos de época terciaria.
(Y se odian los unos a los otros
con buena fe.)

Una típica montaña
que, fingiendo un corcel que se encabrita,
al dorso lleva una capilla, alzada
al Patrocinio de la Virgen.

Altas
y bajas del terreno, que son siempre
una broma pesada.

Y una Catedral, y una campana
mayor que cuando suena, simultánea
con el primer clarín del primer gallo,
en las avemarías, me da lástima
que no la escuche el Papa.

Porque la cristiandad entonces clama
cual si fuese su queja mas urgida
la vibración metálica,
y al concurrir ese clamor concéntrico
del bronce, en el ánima del ánima,
se siente que las aguas
del bautismo nos corren por los huesos
y otra vez nos penetran y nos lavan.



Baudelio Carrillo Interpreta La Bizarra Capital de mi Estado 




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