viernes, 6 de abril de 2018

Julio Gurrola: los Prodigiosos Miligramos Por Alberto Espinosa Orozco


Julio Gurrola: los Prodigiosos Miligramos

Por Alberto Espinosa Orozco 







"Una noche sin día o un día sin noche, 

no merecen el nombre de Uno."

El Zohar

I

Don José Julio Gurrola Reyes nació en el año de 1952 en la Colonia Obrera (Silvestre Dorador) en Durango, Dgo. Hijo de Julio Gurrola Rodríguez, carpintero local, hacedor de muebles labrados, famoso por acabados de espejo, y de Manuelita Reyes del Campo, con quien formó su familia, compuesta por tres hijos y siete hijas. Casó con Amelia Tamayo, completando su familia con tres hijas y una nieta, José Julio se dedica dese aproximadamente un lustro, de tiempo completo, al arte del miniaturismo en barro y a su enseñanza, teniendo su puesto artesanal sobre la Calle de Constitución, a un lado del Edificio Central de la UJED, misma en el que estudió arte hace más de medio siglo.

Estando en la primaria entró en los 60´s, a los 11 o 12 años, a estudiar como aprendiz a la Escuela de ¨Pintura Escultura y Artesanías (EPEA, UJED), por las puras ganas de estar ahí. Época en que la educación era impartida por Don Francisco Montoya de la Cruz personalmente. Los Talleres estaban en las modernas construcciones actuales, a un lado del Parque Sawatova, que por cierto todavía no existía, porque eran llanos, pero algunas clases se daban todavía en el Edificio Central de la UJED, donde nació la institución. Allá estaban los concurridos talleres de cerámica, textiles, vidrio soplado y fundición. En cambio otras clases se ofrecían en el Edificio Central, como pintura, dibujo, grabado y modelado para hacer escultura, también dibujo técnico e historia de arte, impartida por la maestra Elizabeth.

A Don Julio lo invitó un primo, llegando al taller de vidrio soplado, comandado por Santos Vega, pero mejor se quedó en el taller de cerámica, donde propiamente no había maestros, sino que se navegan los puros estudiantes, destacándose Loera, un forastero de Michoacán, tarasco, artista nato, quien realizaba figuras admirables, perfectas, un artesano de cuna consumado. Lo primero que hizo fue unos perritos modelados en barro, los cuales copió a Rogelio Villareal, joven maestro empírico fundador de la EPEA, quien poseía aptitudes innatas para el arte y tenía un don único, insuperable, para el modelado, aprendiendo de él los rudimentos de la escultura. La educación artística tenía en esa época algo de informal, porque era lírica, basada en la empírea. El Maestro Montoya le compraba sus perritos a $15 pesos la pieza, lo que en ese tiempo era una pequeña fortuna. También se los vendía en la Galería de Los Tlacuilos (UJED), que hasta la fecha sigue vigente en el Kiosco de la Plaza de Armas de Durango. 

Estudió dibujo con el maestro Guillermo Salazar, quien realizó con Rogelio Morales muchas obras de fundición, como el Francisco Villa de la carretera a México, y que ahora está enfermo. Como estudiantes en esa generación estaban Chuy Gómez, Candelario Vázquez y Trinidad, quien hacía unos simpáticos pescaditos de barro, y ahora tiene su propio taller, además de dar clases en la Casa de la Cultura. Destacaban también Paulo, Margarito y Catarino, de la colonia Santa María, quien hasta la fecha trabaja con moldes, y muchos más.

Julio Gurrola confiesa que en las clases de pintura del Edificio Central se rebeló contra el estilo artístico del Maestro Montoya de Cruz, porque simplemente no le gustaba, ya que más bien aspiraba a recrear los paisajes de Gerardo Murillo (el Dr. Atl). Sin embargo Montoya era un visionario, dejando experimentar a Julio sus paisajes en cuadros ovalados, estilo medallón, que todavía realiza e incorpora a sus esculturas.










II

Dejó la escuela de pintura (EPEA) en 1964, al concluir la primaria, yendo a estudiar en el Seminario Conciliar Menor de Durango, en la Calle de Zarco, junto al Templo de San José, preparándose como seminarista por dos años en el tronco común, donde se enseñaba latín. Pero peleó con uno de los jefes de ahí, con un prefecto, por discusiones, porque lo había agarrado de bajada, hacéndole lo que hoy en día se llama bulling. El rector lo castigó, pero como se trataba de un abuso de autoridad, de una injusticia, Don Julio se expulsó solo, porque no le gustó el sistema. Los estudios eran difíciles de homologar en ese tiempo, porque el Seminario aceptaba niños sin estar propiamente incorporado al sistema educativo nacional. Así que estudió por poco tiempo la secundaria en un colegio particular, de nombre Lauro Aguirre, la cual estuvo por breve tiempo por la Calle de Fresno, fundada por uno que daba clases en el Tecnológico, que resultó un fraude, porque la hizo nada más para perjudicar.

Contingencia que lo llevó a completar sus estudios en el Instituto Latinoamericano, que estaba en la Calle de Independencia, entre Coronado y Gabino, cursando el 3o grado de secundaria, pues revalido 1º y 2o en inobjetable examen a título de suficiencia. Eran maestros de buena fe, deseosos de enseñar a otros, de ayudar a Durango, no por el pago, pero tuvieron que cerrar la escuela al poco tiempo. Luego, con varios de sus compañeros de los primeros lugares, se fueron a estudiar a la Vocacional en el Tecnológico de Durango, cuyo programa duraba entonces dos años .escuela donde en principio  se daban clases de secundaria y de vocacional, entrando después las licenciaturas y carreras en ingeniería. 



III

Terminando sus estudios preparatorios Don Julio Gurrola marchó a México, para realizar su carrera profesional. Por un tiempo vivió en la Casa del Estudiante Durangueño, situada en la Colonia Santa María la Rivera, en la 3a Cerrada de Cedro. De primera impresión aquello le pareció un lamentable hacinamiento, un antro pestilente en el que convivían en un gran cuatro todos revueltos, entregados algunos de ellos a la drogadicción, a la psicodelia o a la perdición. Pasado el susto, se sintió muy bien, pues había 9 cuartos donde vivían 4 o 5 estudiantes, y tocaban la guitarra, conviviendo como hermanos en charlas interminables, sintiéndose agradecido, pues gracias a ese hospedaje logró concluir exitosamente su carrera, guardando ahora de aquellos tiempos los más gratos recuerdos.

Ingresó al IPN, estudiando primero a Zacatenco, terminando luego su carrera de arquitectura en las aulas de Tecamachalco, dentro de la generación 72-77, realizando desde el séptimo semestre su Proyecto de Tesis, con el tema: "Hotel en Durango con Discoteca-Volcán", con grandes efectos escultóricos y luminosos, aunque desafortunadamente y hasta la fecha no se ha realizado su construcción.

Sustentó con éxito su examen profesional y se tituló como Arquitecto en el año de 1979. Un año antes de concluir la carrera empezó a trabajar como dibujante, para diversas empresas de la IP. Identificado plenamente con el dibujo arquitectónico trabajó para la Sección 44 del Sindicato de Maestros (SENTE), con el Arquitecto Estanislao Álvarez, en la construcción de la Unidad Social del Magisterio, entre Negrete y Cuauhtémoc. Luego trabajó para Pemex en Ciudad del Carmen y Paraíso, Tabasco y Posa Rica, Veracruz, con los Ingenieros V. Manuel Díaz y Martín Ramírez Sosa. Posteriormente trabajó con el Arquitecto Enrique W. Sánchez, con el Arquitecto Evaristo Álvarez y con los Ingenieros Manuel Díaz y Martín Ramírez Sosa de Sada Tudor, tanto en la obra pública como privada.

Participó activamente como proyectista en varias obras de importancia, como las del Centro de Rehabilitación, en Toluca, el Centro Turístico de las Hadas, en Manzanillo, Colima, que tine cúpulas rusas, a la manera del Kremling de Moscú, siendo luego supervisor en el Distribuidor Vial en Oro Negro, en Poza Rica, realizando sus últimas prácticas en el Mezquital, Durango, en la supervisión de los proyectos de drenaje y agua potable, donde también se hicieron algunas cabañas, trabajando en eso desde 2008 a 2011. Lugo hizo una casa en Lomas del Parque y trabajos menores, encargados por el hermano de un amigo, hasta que en el año del 2013 o 14 se retiró, digamos que por errores y exceso de confianza, quedando desempleado por un tiempo, y pensando como iniciar un negocio, regresó a Durango.

Sin embargo, realizó como dibujante pequeñas contribuciones en grades obras en su carrera como arquitecto, la más célebre: el prototipo para el Planetario Alfa de Monterrey, Nuevo León, consistiendo su trabajo desde sacar las medidas hasta todo el trabajo de gabinete, en el que usaba hasta cinco restiradores simultáneamente. Fue la época en que entro el programa “Auto Car”, que en ese entonces le pareció muy mecánico, frío y sin alma. Luego reconoció que con tal programa el trabajo se vuelve muy eficiente, al grado de potenciarlo al 20 por uno, con el consiguiente ahorro en las horas laborales y el incremento productivo, por lo que ahora lo usa sin complejos, olvidándose de las fatigas de las paralelas y del restirador. 




















IV

Pensando qué hacer y montar un negocio, un amigo le recordó que desde chico hacia pequeñas esculturas, por lo que retomó su labor artesanal que realizaba de niño, haciendo primero los viejos perritos, igual que los de antes, y otras cosas y diversos encargos, los cuales vendía en la EPEA (UJED). Por lo que se le ocurrió montar un taller, llamado “Hágalo Usted Mismo”, el cual lo acompaña a donde va, haciendo sociedad con el escultor y tornero Moy (Moisés), con quien trabaja hasta la fecha, pues le ayuda a cocer sus figuras en sus hornos (que puede ser de leña, eléctricos o de gas).

Luego de ser modelas, sus formas primigenias son luego cocidas en el horno a más de 150º grados de temperatura, para luego ser pintadas por él mismo, o por algún niño atraído por las figuras, a las que añaden su peculiar vivacidad. Su teoría del color es sencilla: parte de los colores luz, que son el verde, el naranja y el violeta, que son también los colores llamados secundarios; luego siguen los colores primarios, que son el rojo, el amarillo y el azul, que generan muchos colores, si no todos, porque el negro hay que obtenerlo aparte, y que es ausencia de luz, ausencia de color; mientras que el blanco sirve para los tonos pasteles, combinado con algún otro color. Los pigmentos pueden ser el aceite, la vinílica o  el acrílico, que da idénticos resultados en su aplicación. Su obra es rica en una combinación de tonos cálidos y fríos, que aúna a la sequedad del desierto la frescura del aire serrano, dando todo ello un tinte muy regional, muy durangueño a su obra.

El diseño de cada obra sigue unas reglas, en cierto modo rituales, consistentes en el limpiado y amasado del barro, que se recoge del monte, donde luego luego se ve la buena tierra, mezclada con lodo, piedra y yerba, a todo lo cual se le agregan aditivos y tiene que sumergirse, siguiendo un procedimiento específico, en varias pilas, dándole vueltas y más vueltas, hasta que se asienta el agua ya sin barro y se saca un gel limpio, que se pone a secar para que absorba la humedad.

Obtenido así el barro del que, como primera regla del arte del modelado, se toma una “pella”, que es una bola de barro, procediendo a amasarla con los diez dedos de las manos y las palmas, para que adquiera consistencia, suavidad y uniformidad, a partir de lo cual se puede hacer lo que se quiera. Se hace después una burbuja, tipo vasija, y se realiza la figura –que se puede deshacer para volver a modelarla, pues el espíritu rehace lo que está viendo. Se pueden usar en el camino técnicas varias, personalizadas, como el uso de varitas u otras herramientas, hasta que uno se siente satisfecho, a gusto con lo que ha hecho. Luego sólo queda hornear la pieza para posteriormente pintarla. Hacer que satisface dos necesidades: en primer lugar, allegarse recursos, que es la satisfacción económica; pero también encontrar diferentes cualidades en la obra, lo que da gusto, haciéndolo a uno sentir afortunado.

Hay en el artesano también un definido impulso por la enseñanza, por la educación, por trasmitir a otros sus conocimientos como escultor miniaturista, estando así preocupado por buscar continuadores y difundir la práctica del oficio en las nuevas generaciones. La clase tiene un módico costo de $10.00 pesos, que incluye el material, una bolita de barro, y una explicación de cómo modelarlo y hacer la figura que se quiere lograr. 















V

         La Gran Feria Artesanal de Primavera Ricardo Castro 2018 (IMAC), en la Plaza de Armas de Durango, nos brinda ahora la oportunidad de apreciar en un gran foro sus famosas miniaturas de perritos, así como sus caballos, zorros, osos, tortugas, venados, gorilas, (King Kong´s), sus gallos, gallinas y aves de todo tipo, sus águilas, tucanes, palomas, flamingos, sus mariposas y serpientes, ardillas, ballenas y delfines, ardillas, los que se multiplican en sus manos, como los prodigiosos miligramos que carga la hormiga,, evocados por el poeta.

Cactáceas y hongos que son portaplumas, modelados también en tocones de árboles donde se anuda una serpiente, alcancías de mariposa o antiguas pipas prehistóricas, con rostros de chamanes o demonios, para los fumadores de yerbas, han de sumarse a sus creaciones. Menos conocidos son los medallones con los signos del zodiaco y los dijes, en los que hay alguna reminiscencia del superado hipismo y de la psicodelia de la paz, el amor y la vuelta a la naturaleza. Algunos de sus objetos tienen una función útil, otros son sólo decorativos, dados más bien a la contemplación, no tanto para jugar, por la fragilidad misma del barro. 

Debido a que se trata de un trabajo realmente barato, muy económico, se pudiera pensar que se trata de un artesano, a cuyo gremio pertenece, pero se trata de un hacer en la que Don Julio Gurrola se desempeña creando sus propios modelos, más que repitiendo un hacer adquirido, por lo que puede considerarse también un artista maduro, original e, podría decirse incluso, que también inspirado.

Sin embargo, la situación no siempre es fácil, porque las ventas se podría decir que son raquíticas, pues actualmente, por la abundancia misma del comercio, hay mucha competencia. Hay días en que se pone pesado, donde nada sale o tiene Don Julio sólo dos o tres niños que hacen su esculturita. Sin embargo cuando hay motivación se hacen las cosas -porque hay veces que no la hay, hay veces que se rebelan, o que no hay el ánimo y no quieren salir. Pero lo cierto es que se hacen las cosas, y que salen cuando quieren. 

 








En el arte miniaturista de Julio Gurrola hay algo de densa jungla y  prolija selva exuberante, algo también de la placidez y la paz paradisiaca. Sus colores a veces son rayanos con el surrealismo, en otras tienen la serenidad solemne del paisaje.  Pero si una nota caracteriza su obra, está es la de la gracia, pues sus figuras tienen algo parecido al alma. Arte a la vez serio, pero con sonrisa, cuyo realismo y gravedad de tono nos invita sin embargo a la vida, con toda la sequedad, la imperfección y los accidentes que la acompañan, y que así la hace sin embargo aún más bella. Su ideal estético no es entonces otro que el de la imitación de la naturaleza, al copiar tal cual la figura zoológica o animada humana (Pastores, Borregos y Budas), hasta sacar la esencia del animalito o de la personalidad, con todo el peso y la gracia de la existencia individual. Su obra es así la de un naturalismo esencialista, congruente en todo con una filosofía de la vida y del mundo de carácter liberal, de  recreación, respeto y gozo por la diversidad de los seres todos del universo.

Cada artista tiene su don. El arte para Don Julio Gurrola es la música del alma, porque ante la belleza el alma pone en armonía todos los sentidos, para ver, oir, tocar, gustar y oler conjuntamente, pues cuando el sonido es suave, encantador y puro, se da la quietdu de la contemplación, que es la visión pura de las esencias bajo la luz de Dios. Igual que en estado de graacia, que es estar en el amor del Señor, donde se da la satisfacción en la apeterencia, que es el deseo cumplido en el hacer mismo. Por ello el artista siente gran alegría cuando le dicen que les gusta o cuando le compran un animalito y se lo llevan, por tratarse de una resonancia o un eco, de una consonancia con ese deseo de armonía y de satisfacción en la contemplación bajo esa luz  –también, por añadidura, porque los tiene que vender, dada la necesidad inherente que hay en la economía.
En su obra hay, es verdad, un dulce sabor de perdido paraíso, un viejo murmullo de jardín eterno, como el canto de las aves que precede a la aurora, que retienen las huellas melodiosas de la creación del mundo; también un regusto de abrasivo polvo y de amarga historicidad. Porque su amor a las formas (que son las ideas, las esencias, la naturaleza misma de las cosas), es también amor al tiempo vivido y a sus accidentes, presentes en el mundo para sazonar los frutos. El  evidente gozo del artista por sus creaciones se eleva así en la contemplación de la diversidad de los seres, por el milagro de la existencia de la pluralidad de las criaturas, que el artista que es Don Julio Gurrola imita con sus curtidas manos con paralelo ánimo plural, en solfa orquestal de íntima cámara, por ser espejo del alma multánime con que el Creador engendra con imaginación sin fin a sus creaturas, prodigando su amor en la solidaridad con la unidad de la vida, en toda la rica gama de la diversidad de las especies y en las variada expresiones de sus singulares y disímbolas individualidades.  



Durango, Dgo, Abril 6 del 2018












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