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Manuel José Othón
OCASO
A un pintor
He aquí, pintor, tu espléndido paisaje:
un lago oscuro, ráfagas marinas
empapadas en tintas cremesinas
y en el azul profundo del celaje;
un tronco que columpia su ramaje
al soplo de las auras vespertinas,
y manchadas de verde las colinas
y de amarillo el fondo del boscaje;
un peñasco de líquenes cubierto;
una faja de tierra iluminada
por el último rayo del sol muerto;
y de la tarde al resplandor escaso,
una vela a lo lejos, anegada
en la divina calma del ocaso.
- CONFÍN
- Vamos por el confín del tiempo
- por un sendero de arenas movedizas
- entre un valle de sombras cenagosas
- encallados en la isla del olvido.
- Marchamos lejos, paso a paso, del origen
- con el alma sedienta y ya desierta
- por siniestros y oscuros arrabales
- acosados por presencias vagarosas.
- Los botes de otros días y sus mareas
- se deslizan a los áridos confines
- del reino de las luces espectrales
- aherrojados por murallas fantasmales.
- Por querer hacer que fuera nuestra
- la ley por la cual pertenecemos
- no la palabra se escucha en ese valle
- de aletargadas desdichas sin espera
- donde el humo mantiene prisioneras
- a las antiguas potencias de la tierra
- -dejando todo trabajo derramado
- en las aguas que corren hacia abajo.
- Las cisternas del saber que presumimos
- construidas en el fulgor del medio día
- quebrantadas en sus hondas cañerías
- dejan filtrar el agua de sus pozos.
- La última gota, sin saber a dónde,
- se ha derramado o se evapora con la tarde
- en el tortuoso valle y no se encuentra
- la corriente que manaba de la fuente
- sino el vaho, el sudor, tal vez la goma
- y los ojos sin luz, cifrados en ambiguas
- posesiones o decorando sus pasiones
- entre murmullos de la carne amotinada.
- Más en el valle está renaciendo el río
- del prodigio, surgiendo siempre en medio
- de la riente fuente -no su corriente,
- que el tiempo incesante ha desleído.
- Porque la sed de luz un día será saciada
- por un agua sin salitre y sin abismo
- -como el río que crece desbordado
- despejando a los vientos movedizos.
- ALBERTO ESPINOSA OROZCO -México
- Revista Poética Azhar
- Marzo de 2021
- Número 110
Secuencia del Verano
Por Alberto Espinosa Orozco
I
Este verano inerte y sofocado
Ahogado en su denso peso bruto
Que se echa como una bestia agonizante
Empapada de fiebre y vacilante.
II
Delirante verano taciturno
Que en su espejo de fiebre
Por fin lento se atreve
A beber con sus ojos ya dormidos
Lo que a sus ojos presuroso viene.
III
El denso verano que me mira
Pesadamente y a la vez vacío
Como un sonámbulo camina
Mirando introvertido en su delirio
Confundiendo sus pasos con los míos.
IV
Derrumbado sobre sí como el casillo
Que la porosa arena con las olas mina
Así este verano terco que se obstina
En deshacerse a nuestros pies como una ruina.
V
No hay nada que ilumine con su fuego
Este verano muerto anegado de neblina
Consumido por dentro en su reflejo
Dañando flojamente a quien lo mira.
VI
Ardiente verano bobo y consumido
Picado por los pájaros sombríos
Hinchado en su neblina allá afuera
Al grado de volverse una quimera.
VII
Llueve polvo:
Las ruinas de la aldea se derrumban
La fatigada luz igual que el barro
Que se anega de olvido en el chubasco
Se satura de negligente polvo helado.