lunes, 12 de diciembre de 2016

Juan Correa: Pintor de la Virgen de Guadalupe en la Catedral Basílica Menor de Durango Por Alberto Espinosa Orozco

Juan Correa: Pintor de la Virgen de Guadalupe
en la Catedral Basílica Menor de Durango
Por Alberto Espinosa Orozco




I
Juan Correa nació en la Ciudad de México hacia 1645 y murió en la misma ciudad en 1716. Su padre, de mezcla africana y española, era un cirujano de Cádiz y su madre, era una morena libre de la Nueva España.
Fue discípulo de Antonio Rodríguez y por ello Correa desarrolló una producción en la que se manifiestan efectos de color y dinamismo academicista, propios de la pintura europea a su vez distinguible por los tonos dorados, la suntuosidad y un carácter eminentemente decorativo de la pintura. Correa se convirtió en gran devoto hacia la Virgen de Guadalupe, otorgándole numerosas representaciones en base a la calca de la imagen original que poseía. Podemos darnos cuenta del desarrollo del sentimiento criollo por el constante pedido que se hacían de estas imágenes del milagro guadalupano. Correa representó a una Virgen de rasgos occidentales, pero morena, en la que destacó este tono oscuro. Sin embargo, las representaciones de Juan Diego tienden más a la fidelidad de los rasgos indígenas, imprimiendo el carácter "realista" del indio.
Juan Correa introdujo los angelitos novohispanos morenos o de "color quebrado", por la influencia de su propia raza, así como  por querer incorporar las etnias oscuras, morenos, mulatos y negros, dentro de la pintura colonial, teniendo su primera aparición de estos angelitos en la obra “Niño Dios con ángeles músicos”, en donde se observan un angelito de color negro y otro de color mulato. Obra con la que Correa habría querido manifestar plástica y públicamente la igualdad espiritual de la condición humana en términos del cristianismo, siendo un sello característico de su obra.
En 1669 pintó para la capilla de los Santos Españoles, de la ciudad de Roma, una Virgen de Guadalupe con las cuatro apariciones y San Juan Evangelista. Entre sus obras de tema profano, con asuntos humanísticos e históricos, destacan dos biombos de cama. Junto con lienzos de Cristóbal de Villalpando, dos de sus obras decoran la Sacristía de la Catedral de la Ciudad de México: “La Asunción de la Virgen” (1689) y “La entrada de Cristo en Jerusalén” (1691).
Juan Correa nunca se casó y fue hombre religioso tal como puede leerse en su testamento, del que hay una copia en el archivo parroquial de Mascaraque. Dejó como única heredera de sus bienes a su alma, es decir, que estos serian empleados para la realización de obras de caridad, misas o para la fundación de una capellanía que perpetuó en la iglesia de Mascaraque y cuyo primer beneficiario fue su sobrino Rodrigo de Vivar.


II
Juan Correa comenzó su oficio como dorador y ensamblador, participando en la hechura de diversos retablos, como el de San Pedro y San Pablo, el de la Santa Veracruz de la Ciudad de México, el retablo mayor de Tepozotlán y el retablo de Xocotitlán, siendo los maestros pintores de esas obras Baltasar de Echenave y Rioja, Tomás Juárez, Juan Mortero y Manuel Nava, participando como ensambladores y doradores Juan Sánchez Salmerón y Alonso de Jerez.
A Baltazar de Echave Orio se debe la primera copia de la Tilma de la Virgen de Guadalupe, firmada en 1606, que la reproduce de tamaño original (170x 111 cts.), donde se puede ver la unión de los dos ayates, estando sostenida de la parte superior, dejando ver los dobleces del lienzo a los lados, tal y como la había dejado Fray Juan de Zumárraga. Baltasar de Echave Orio llegó a la Nueva España en 1580 y casó en 1582 con Isabel Zumaya Ibía, hija del famoso pintor español Francisco de Zumaya. En el siglo XVII destacaron como pintores su hijo y su nieto, Baltasar de Echave Ibía y Baltasar de Echave y Rioja, quienes siguieron su escuela. Es una de las primeras representaciones de la Virgen del Tepeyac, realizada con extraordinaria precisión, pues reproduce fielmente el número de rayos, las estrellas y los arabescos de la túnica, dando cuenta a la vez de la devoción a la Virgen por parte de la élite de la sociedad española. La obra, que se encuentra en Madrid, de poseedor desconocido, pudo ser vista en México durante la exposición “Imágenes Guadalupanas” en 1987, destacando su marco de madera, bellamente grabado y pintado al estilo indígena.




Hay que recordar que Baltasar de Echenave y Rioja comenzó a seguir la pintura del sevillano Esteban Murillo (1617-1682) y de Rembrandt Harmenszoon Rijn (1616-1669), a los que siguió también Juan Correa para fundar las bases de una escuela moderna, que se revelaría en plenitud en su discípulo José de Ibarra (1685-1765), Miguel Mateos Maldonado y Miguel Cabrera (1695-1768). La maestría pictórica de Juan Correa no es antagonista de su gran producción, señalada como notable, que va de finales de Siglo XVII a principios del Siglo XVIII.
III
Destacan en la Sacristía de la Catedral Basílica Menor de Durango una serie de cuadros del afamando pintor novohispano Juan Correa Santoyo (1646-1716), de cuando el artista contaba aproximadamente con 30 años de edad y empezaba a descollar por la belleza y vitalidad de su colorido y a distinguirse por suntuosidad de sus composiciones y la perfección de sus pinceles. Se trata de un conjunto de al menos cinco paños de gran formato ubicados a la entrada y en el primer gran salón de la Sacristía. Sólo uno de ellos está firmado por Juan Correa y fechado por su mano en el año de 1676: “La Adoración de los Pastores al Niño Jesús”.




En el salón de la Sacristía, junto al paño de “La Adoración de los Pastores al Niño Jesús”,  se encuentran tres cuadros más del pintor: el primero en el costado norte, junto al lienzo firmado por Correa, el lienzo “La Adoración de los Reyes Magos al Niño Dios”. El recinto alberga otros dos lienzos del mismo maestro, en el costado oeste: “La Resurrección de Jesús” y “La Ascensión de Nuestro señor Jesucristo”, formando con ello una imponente tetralogía.




La misma nave alberga otros dos cuadros de la época. En el costado sur, a la entrada de la misma Sacristía, un magnífico lienzo de “Las Apariciones de la Virgen de Guadalupe”, con los recuadros de las cuatro apariciones, del mismo Juan Correa, sin firma.  Correa rindió gran devoción en su arte a la Virgen María, pues fue un ferviente guadalupano.


Compartiendo el recinto de la galería, junto con la tetralogía de Correa,  un notable cuadro de las mismas dimensiones de San Jorge Matando al Dragón, en el que un joven soldado montado en níveo corcel fustiga con su lanza al negro lagarto –cuadro a todas luces notable por su preciosismo, que debió ser mandado hacer ex profeso para Durango, pues en el suelo y bajo del blanco corcel pueden apreciarse una serie nutrida de arácnidos anómalos y de feroces alacranes y que siendo de creciente realismo y modernidad, seguramente de posterior factura, probablemente pertenece a los pinceles de José de Ibarra (Guadalajara, 1685 † México, 20 de noviembre de 1756), pintor novohispano discípulo en sus primeros años del pintor mulato Juan Correa (1646-1716), José de Ibarra es al lado de Juan Rodríguez Juárez (1675-1728) una de las figuras más destacadas de la pintura de la primera mitad del siglo XVIII.





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