martes, 3 de septiembre de 2013

Cae al fondo de ti mismo De: Vicente Huidobro

Cae al fondo de ti mismo

De: Alexa Von Demfort y Vicente Huidobro 

Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios
Y todas las edades
A través de todas las almas
De todos los anhelos y todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran
Y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos.



Elsa Chabaud: el Relato de los Rótulos (3º de 10) III.- Los Motivos de la Máquina Por Alberto Espinosa

Elsa Chabaud: el Relato de los Rótulos
Los Motivos de la Máquina
Por Alberto Espinosa


   La visión estética de Elsa Chabaud empieza palpando la vena más sobresaliente de la historicidad contemporánea, hallando en su núcleo el fluir de los productos arrojados al mundo por el homo faber, esparcidos por la redonda vastedad de su circunferencia literalmente inundándola no sólo de útiles y utensilios, sino de máquinas, aparatos, artefactos y procedimientos. Omnímoda presencia pluriforme que no puede dejar de impactar y de modelar el alma humana, influenciando la vida y el movimiento de quienes usan y abusan de los inventos de la técnica moderna y se someten a sus procedimientos.
   Así la sociedad dominada por la técnica y su ideología, es sintetizada por la perspectiva del ilustrador popular bajo la forma del hombre tubo. La figura del cuerpo humano, expresiva por sí misma de su humanidad. y de su libertad ascendente, acaba entonces por modificarse en la imagen de los baños públicos hasta mimetizarse por completo, adoptando su ser la soplada liviandad del tubo hueco. Se trata, en efecto, del hombre tecnificado al grado de convertirse todo él en cilíndrica estructura tubular, revelando sus motivos al dejarse primero asaltar por la muelle satisfacción que hay en la magia de pellizcar la pared para que salga agua caliente -empero encerrando en un cuadrado la esfericidad  de la cabeza. Disfrute de placeres orientales que sin embargo delata en la cintura algo de péndulo oscilante y en la genuflexión de las rodillas algo de vilipendio esclavizado. Transmutación del ser del hombre, cuyas delirantes metonimias toman la parte mecánica del cuerpo por el todo de la fluyente vida orgánica. Imagen de frialdad tiránica también y que a gritos un complemento de calor cromático, encontrando en el contiguo contubernio con la arquitectura ambiente de coloniales azulejos y en la compensación de la evaporada nube colorada la temperatura reclamada por las ensoñaciones del baño turco –en lo que supersiete un regusto arisco de morisco, evocador de las melancolías del árabe y el dejo de enfermiza sensualidad musulmana.
   Imagen del hombre reducido a términos de materia troquelada y a funda tiritante de alfeñique. Hombre sometido a simple conductor sin contenido, a mero medio sin mensaje, que dispuesto primero a las leyes de la necesidad y de adaptación al medio acaba por ser usado y exprimido, para después ser desecado, disecado y desechado. Hombre diluido también que al ser bañado primero por las vaporosas ensoñaciones del confort y de la técnica termina luego vapuleado y disuelto en la completa despersonalización. Inclinación mimética al rígido dominio que finalmente doblega  al hombre en la rendición sumisa a la materia.
   Estética gris menguada de nublado producto de las civilizaciones caucásicas, anglosajona y eslava, que inician con la conquista de la nieve y el frío mediante el dominio de los combustibles como fuerza capaz en el abrigo y el trabajo. Del fogón y la estufa, en efecto, nació el motor y el maquinismo transformador del mundo .y en cuyo fondo queda todavía algo de las candentes deseos y hervores  utópicos de quien sometiéndose a sus engranajes logra expandir la voluntad.. Civilización de la eficacia técnica, es verdad, pero desprovista del genio y de la alegría latina y que en nuestro tiempo declina estridentemente y sin grandeza. Retrato también de una vida medrosa y enfermiza en que han desembocado sus ejercicios darwinianos de adaptación al medio, conduciendo al hombre a una socialización y maquinización a tal grado extrema como para llevarlo al gregarismo y a la renuncia del propio ser, transformándolo en remedo de la especie, en abstracción hipotética, en esquema de su naturaleza: en no hombre 
   Porque para poder usar la máquina el hombre tiene que mecanizarse en tareas de maquinista, doblegando todo su ser a las funciones mecánicas hasta volverlo maquinal, cambiándolo de ocasional inventor y frecuente usuario, en simple operario de la máquina,  hasta llegar a extremo de absorber el frío sufrimiento e inercia de la materia estéril y absolutamente succionado por ella. Así, el hombre subsumido primero por la máquina en la automatización de procedimientos, se ve luego desplazado al lograr las técnicas independizarse en una invención más eficaz que sustituye la función del operario, desechando y relegando por ende al maquinista y dejándolo atónito como el perico parado en un palito.
  Se trata también del modelo de ser humano que reprimiendo y sustituyendo la visión del destino cósmico del hombre como hijo de la Tierra al desprenderse definitivamente del cordón umbilical de la tradición, acaba por concebirse a sí mismo como hijo exclusivo de sus obras, lanzándose a la aventura histórica sin raíces, sin nostalgias ni remordimientos –pero también ayuno de legitimidad y huérfano de origen. Se trata así del “hombre nuevo”, del hijo de la técnica y de la fortuna que en su despliegue histórico se presenta como productor de sí mismo, inventando una conciencia a la vez refractaria a Dios y porosa para el olvido, y en cuyos valores vitales y externos de confort hay algo de hedonismo narcisista y de retorno al útero materno, que de ligera regresión a la infancia acaba exaltar al instinto ciego de la caverna Edipo moderno, en efecto, que aspirando al ocio y a la abundancia termina en su constitución autárquica por querer mandarlo todo sin deber nada ni obedecer a nadie. Mundo efectivamente inmanentista y sin trascendencia alguna facilitado por los usos y abusos de los productos aportados por las aproximaciones de la ciencia moderna de la naturaleza. Neurosis condicionada social e históricamente también, cuyos síndromes generacionales generan la moral de la lucha y  la adaptación al medio y cuya sintomatología se manifiesta en una pérdida creciente de sensibilidad para lo humano en general, en la arrebatada preferencia impulsiva por otra cosa ajena y contraria al espíritu y en una violenta voluntad de olvido Elección, pues, por la ociosa comodidad, el goce del consumo y el frenesí agresivo de la competencia -situados por encima de la valoración práctica del esfuerzo efectivo y de la contemplación desinteresada. Preferencia en suma por las promesas abstractas de las utopías, el éxito o los números sobre la fraternidad social; por el formalismo de los códigos sobre el cálido realismo de los usos; por la originalidad, la novedad y la espontaneidad desaforada en lugar de la autenticidad, la modesta práctica y el paciente aprendizaje. Inclinación a favor de la justificación en lugar de la realización y de la promesa en vez de su cumplimiento También abierta elección de lo institucional por arriba de lo social y de la hegemonía y el dominio centralista sobre el reconocimiento regional y la personificación. Actitudes y posturas de las que se desprende el amargo corolario de la tecnocracia moderna, pues en sus distracciones se fragua la ignorancia por la persona, troquelándose en tal desconocimiento la posibilidad de proceder brutalmente con ella. Complejo moderno cuyo soso abrazo de bagazo y rigidez de frialdad abstracta no puede sino dar por resultado un alma anquilosada, inconsciente y sin evolucionar, envuelta por un sombrío y arcaico paganismo.



   Así, la mirada reflexiva de la fotógrafa Chabaud precipita los indicios de nuestro mundo y tiempo recogiendo del río de maravillas obsoletas arrojados en los talleres de auto-partes de la colonia Buenos Aires, a manera de dislocados emblemas de la tecnocracia, las imágenes del águila ávida y el lángaro lagarto a manera de dislocados Por un lado, aparece la poderosa águila calva americana como icono del dominio imperial trasnacional, cubriendo con sus alas al asalto la totalidad del orbe y cuya fuerza, coraje y penetración visual son puestas al servicio de  bajas presas y de la  rapaz rapiña, del cruel orgullo por mor de la obstinada opresión de la opulencia –dejando al mundo reducido a añicos fragmentados de rompecabezas irresoluble y al hombre ajado y postrado en el umbral de una hamaca abandonada. Por la otra, el lagarto perezoso e indolente reptando al sol para retarlo y anunciar la nada en el viaje sin retorno. –siendo así un símbolo de voracidad, de duplicidad e hipocresía, de las tinieblas y la muerte. Imágenes que nos hablan de una actitud oscura y agresiva latente en el inconsciente colectivo del hombre moderno y contemporáneo, cuyos esquemas revelan las inclinaciones de la venalidad y de los deseos revueltos opuestos al espíritu.
   Estandartes emblemáticos de nuestro mundo, porque si el motivo rector de la técnica moderna es en el fondo el de la aceleración, el de poder hacer más cosas, más rápido, en menos tiempo, no puede menos que incubar  por debajo de su fuerza centrífuga los huevos de la hybris disparados a lo ilimitado o adheridos centripetamente al suelo, dando a colación el inmanentismo, cuya pirotecnia pagana de deseos estalla en inspiraciones radicalmente ateas –derivadas, en efecto, de un razón sin Dios. La razón instrumental inmanentista, efectivamente en ausencia de Dios, acuña así también una vida en ausencia de la muerte, afilosófica en suma  por carecer en su radical inmanentismo de una concepción del más allá y por tanto de un sentido completo de la vida.



La técnica es creadora de una vida abierta a las posibilidades cuya aventura, sin embargo, frecuentemente naufraga sin llegar a puerto alguno, rotas las velas del bergante por las contingencias y contrariedades provocadas por la aceleración de la velocidad y los riesgos que conlleva, no sólo al desequilibrar los módulos naturales de la vida al distorsionar sus patrones propios y entrar en el estrecho túnel de la angustia, sino también al desliza la súbita posibilidad de la colisión y el accidente. Posibilidad, pues, de la frustración constitucional del ser del hombre, de la exasperación y mutación de su esencia. El azar es entonces el resultado arrojado por el automatismo de la máquina. El accidente vial es sólo su manifestación más patente bajo la forma de los vehículos que han salido de nuestro control; su significación latente es empero más profunda: el de los percances de su esencia, en cuyas mutaciones de la esencia y excitaciones de la libertad se engendra el oscuro deseo de volver a lo informe del caos primordial, sumergiendo al hombre en una nostalgia oscurantista cuyo carácter delirante y subjetivo priva de sentido a la activad humana.
   Resultados de la exaltación, del homo faber., de la mera especialización de una sola función humana general de la especie, o profesionalización de lo que en todo hombre hay o puede haber de técnico, de mecánico o de maquinista. Así, su megadesarrollo en la sociedad contemporánea, como final consecuencia de la fe moderna en el poder de la razón pura o física, en sus productos técnicos y en el progreso del equipamiento mecánico del hombre, da lugar a una civilización maquinal, pues, que presentándose como la victoria sobre el mito engendra un mito más: el que reprime la segunda voz que nos habita, sustituyendo las imágenes y los símbolos que nos visitan, y que al hacerlo enciende la caldera en que se cuecen a altísimas temperaturas, como en una olla  expres alimentada por las presiones generacionales, los bajos motivos e impuros e la corporeidad para tomar el lugar de los arquetipos tradicionales y de la metafísica -preparando así un contagioso caldo  de cultivo, cuyas erupciones de amorfo magma  amenazan con estallar en las inevitables vueltas de lo reprimido. Porque el mito vuelve siempre, renace y se transfigura, siendo peligrosísimo querer borrarlo o apropiarse sus orígenes  




lunes, 2 de septiembre de 2013

Los Ojos Por José Luis Ramírez

José Luis Ramírez

Los Ojos


Los ojos caen despacio,
con ellos el color café obscuro
y el sueño que justifica el día pesado y voraz,
día que se atraganto de columnas de humo.
Salieron de mis oídos desesperados de escuchar
la voz lenta y siniestra que persigue el camino
de regreso que está entre tu mirada y tu silencio.
Que no dice nada, que se lleva lo que trae
y que deja lo que no quiere.






Vuelve el Pasado y Veo Por Alberto Espinosa

Vuelvo al Pasado y Veo

“Miro lo que se fue,
Lo que aún no toco
Y la hora actual
Con su vientre de coco.”
Ramón López Velarde

Vuelvo al pasado y veo lo que no está
más no se fue, que no es su tiempo ido,
pues algo quedó presente en su deseo:
una libertad y una presencia, que nos recuerdan
que no somos los rehenes inermes del olvido
-para volver a estar allá, libres, en la memoria,
cual renace el sentido cuando leemos las palabras
o cual la llama  que revive sin morir entre las brazas.


Elsa Chabaud: el Relato de los Rótulos (2º de 10) Por Alberto Espinosa

Elsa Chabaud: el Relato de los Rótulos
(2º de 10)
Por Alberto Espinosa

II.- La Ilustración Popular
   Lo primero que nos presentan los registros testimoniales de la artista mexicana son entonces las imágenes del rotulista popular inmersas en los corredores y barriadas de las metrópolis y de los estanquillos lugareños provincianos formando parte de todo un sector de la cultura nacional, repleto de resonancias y reverberaciones magnéticas y emocionales. Pueblo estoico, resistente a las tozudas embestidas y tormentas del mundo moderno-contemporáneo, que tiene en la mirada del rotulista provinciano o del urbano ilustrador al artífice de pequeños frescos que son a la vez viñetas de gigantes. Porque al seguir el hilo de Ariadna que las artista mexicana nos regala para salir del laberinto encontramos en los humildes  murales una galería a la intemperie en cuyos nichos brillan las chispas del espíritu formando su secuencia narrativa un atajo imantado de resplandores y señales para desplegar una idea articulada del hombre y de su posición en el Cosmos potente para sacarnos de las sombras y salir con vida del laberinto contemporáneo. 
   Así, siguiendo las huellas del rotulista popular, la artista emprende su aventura destacando el tema de la labor artesanía y los oficios, recorriendo así la gama entera de los valores estéticos. Porque al realizar los valores útiles e inmediatos de la publicidad, el rotulista va tocando el espectro de todos los oficios y labres populares, destacando en sus servicios el carácter práctico los anima y decantando lo que hay en ellos también de valor estético, de gusto y de belleza. Género singular del arte popular, cuya posición sui generis permite servir de vaso comunicante a las tareas más variadas. Así, su perspectiva tradicional, más cercana al estilo ingenuo que al sentimental, le permite mirar el mundo en lo que tiene de amanecer del primer día –incluso llegar a saber del vicio y conocer la “o” por lo redondo, pero ello para poder situar el lugar que corresponde tanto de la cáustica acidez corruptora del veneno, la perversión proletaria ocultadora del espíritu como la inane vacuidad del artificio.
   Arte ingenuo e inocente, es cierto, pero que a la vez resulta profundamente irónico y situacional por surgir ligado a la circunstancia concreta donde nace, destilando entonces, en términos de insólitas descripciones a la vez modernamente ácidas y graciosas, el elixir y la pócima prescrita para disolver el hechizo hipnótico, lanzar la cuerda para sacar al buey de la barranca o tender el puente para salvarnos del abismo. Arte a la vez tradicional e irónico, ingenioso y moderno, que por conocer los márgenes de calcinación y precipicios de vacío anejos a la civilización moderna ha sabido extraer de su asimilación una punzante pureza colorida en el marco de una estética de la frugalidad, de la pobreza, a la vez moral y edificante.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Elsa Chabaud: el Relato de los Rótulos (1a de 10 Partes) Por Alberto Espinosa

Elsa Chabaud: el Relato de los Rótulos
(1a de 10 Partes)
Por Alberto Espinosa


En memoria de Luís Cisneros García (+),
hombre genuino, rotulista popular.

“Amable paradoja la esencia del arte: ejercer
una función perjudicial sin producir perjuicio.”
Federico Nietzsche
“Como la sota moza, Patria mía,
en piso de metal, vives al día,
de milagro, como la lotería.”
Ramón López Velarde
“No es el amor de fuego ni de mármol,
el amor es la piedad que nos tenemos.”
Efraín Huerta

I
La fotógrafa mexicana Elsa Chabaud ha reflexionado en el camino para encontrar, en uno de los registros de sus límpidas imantaciones sensibles, una estancia del espíritu, a la vez cordial y colorida, en la cual poder reconocer lo que somos en la intimidad y como cultura, para así poder saber también a lo que pertenecemos. Porque a través de una cuidadosa selección de rótulos e ilustraciones populares, Chabaud ha ido profundizando en las raíces tradicionales y carácter de nuestra cultura, hallando un suelo nutricio poblado de emblemas y símbolos, alcanzando a fijar y detener por un instante el fluido manantial del alma mexicana. Así, sus películas instantáneas se despliegan como una secuencia narrativa, en cierto modo Adánica, en las que vuelve a revivir el borbotón natal del tiempo original. La serie articulada de imágenes prístinas y esenciales rescatadas por Chabaud en su peregrinaje estético se presentan así en su desfile como una narración en la que se dibuja el alma de nuestro pueblo y su gesta cultural, añadiendo un componente de carácter educativo, pues desde las aceras urbanas y pueblerinas las ilustraciones populares abren el espacio a la reflexión y a la convivencia formativa, haciendo despertar e irrigando con agua clara los brotes más preciados de nuestro más íntimo jardín.
La artista parte así de la inclinación contemporánea por el historicismo, heredada por vía del romanticismo, que nos mueve y remueve a buscar cosas distantes y exóticas en épocas o edades de la historia y en parajes y escondrijos geográficos, viajando así en el espacio y en el tiempo para ver y saber de formas de vida y formas de hacer contrastantes con las nuestras, para extraer así de las modificaciones, mutaciones y diferenciaciones generacionales y étnicas la constante de una esencia y a la vez una idea más rica y completa de lo humano. Empero, tal punto de partida se resuelve por dar a la lejanía de lo distante abstracto un cuerpo y una carnalidad coetánea que es a la vez una calidez y una ternura. Porque su viaje en el espacio y en el tiempo se ha decidido por explorar los mundos más refractarios al vértigo de la historia, encontrando en las imágenes del rotulista popular algo más estable y permanente, logrando con ello sintonizar con el espacio humano y cordial de lo más próximo y concreto, que siendo marginal a la mirada distraía es en realidad para la visión escrutadora un centro imantado de la cultura y de la memoria colectiva.
Las imágenes vecinas pergeñadas por el ilustrador y rotulista popular, entre cuyas formas y expresiones sin darnos cuenta hemos crecido y con-crecido, se presentan entonces como una memoria con la que poder reconciliarnos, como un espacio también del alma popular en la que ser más nosotros mismos. Así, las insólitas instantáneas de la fotógrafa nos ayudan a refrescar un sentido permanente inscrito en nuestra tradición y cultura, reconociendo que el artesano había estado trabajando por nosotros. De tal suerte, la tendencia historicista de nuestra edad se ha decantado en el gusto de una mirada reflexiva que polariza y orienta la mirada hacia una cercanía ignorada que había habitado todo el tiempo entre nosotros, irrigando de agua dulce desde siempre nuestras venas, entibiando con su calor el pecho y dando una luz más clara a la visión de nuestro propio espejo interior.



Maestro Héctor Palencia Alonso: In Memoriam Por Alberto Espinosa Orozco

Maestro Héctor Palencia Alonso: In Memoriam 

PorAlberto Espinosa Orozco





   El Maestro Héctor Palencia Alonso, mentor de toda una comunidad cultural, purificó su concepto de libertad con las virtudes del ascetismo y la humildad, añadiendo a la verdadera libertad el valor social no sólo de la tolerancia sino de una actitud más elevada: la de la concordia -porque la actitud del querido jefe cultural era la del ser transparente y como el cristal o abierto  y siempre igual como la expresión o la palabra. El ser como apertura en su actitud liberal se manifestaba, en efecto,  en estar su vida tendida fuera de sí, dirigida hacia los otros y a lo otro radical –se llame igual Comunidad, que Poesía, Misterio o Dios.
   Quiero decir con ello que su vida estuvo siempre dirigida a los demás, referida hacia los otros: que fue una vida con sentido. Porque una vida con sentido es aquella que como la palabra no está referida a sí misma, sino al otro; que deja de interesarse en la propia existencia, para procurar e interesarse en la esencia de los demás, en lo que importa o que es valioso en ellos... y que así la justifica. La vida justificada es aquella que tiene sentido, pues, al revelar las notas esenciales del fundamento –que ya no tiene sentido, ni justificación, que ya no es para otro, sino que meta aludida que ya no alude, ser puramente en sí y para sí mismo que simplemente “es”.
   La vida y presencia fulgurante de Don Héctor Palencia puede verse como un dilatado testimonio de aquello que la dirigía y orientaba: las actitudes y expresiones de su cultura nativa, de su comunidad, pero también de las manifestaciones más elevadas del espíritu -cuyas dos vertientes trató siempre de armonizar. Esa modo de afrontar y enfrentar la vida lo llevó a dejar de girar en la órbita cerrada de su propia existencia dejando en la negación del vivir en sí o para sí mismo una opacidad ganada positivamente para su ser abierto que, en efecto, estuvo tendido siempre hacia lo otro y fue siempre por ello una reiterada revelación de los otros: del espíritu y de la comunidad que lo fundamentaba. Con ello no atendía a la formula de la vida económica, que postula una máximo de provecho por un mínimo de esfuerzo, sino a la ley de la caridad cristiana, en donde se da el conmovedor espectáculo de un máximo de esfuerzo por un mínimo de provecho personal.
   Ahí, en ese humilde y puro acto de la libertad, tiene que buscarse el misterio y el atractivo de la singular personalidad del Maestro Palencia. Porque el hombre cuya vida tiene sentido no se muestra él mismo, sino que al despejar la esencia del fundamento se hace es instancia revelante ...pero no revelada. Porque el ser para otro no revela nada acerca de sí mismo, sino acerca de la potencia que lo fundamenta... mientras que el fundamento que así apoya y justifica al sujeto tiene por lo contrario como esencia el ser revelado, pero ya no revelante... pues su ser ya no tiene más referencia o no es más para otro, sino que es en sí y para sí mismo.
   Ante el terror de las libertades extraviadas producto del avance vertiginoso de la técnica y de la planificación totalitaria de nuestro mundo moderno acaso quepa entre nosotros el desarrollo colectivo de una nueva actitud espiritual de la que el Maestro Palencia Alonso dio fiel testimonio con su ejemplo heroico individual: la obediencia disciplinada a una autoridad superior, a una ética basada en un nuevo concepto de libertad, en donde pueda abrirse el mundo del valor y de la vida espiritual en una colectividad liberada, ya no de las fuerzas de la naturaleza, sino de las fuerzas destructoras del arbitrio individual.