lunes, 7 de julio de 2014

X.- La Revuelta de las Ideologías:Soberbia de la Razón, Secretos Modernos y Verdad Personal Por Alberto Espinosa Orozco

X.- La Revuelta de las Ideologías:
Soberbia de la Razón, Secretos Modernos y Verdad Personal
Por Alberto Espinosa Orozco




XXVI
   La época moderna ha resultado un tiempo de engaño universal y el más alejado de la verdad, desembocando en la novedad frívola o en el vacío y la muerte del alma: caracterizada por los estigmas de un gozo que no goza, de un deseo que no desea y de un poder hacer… pero que no se hace. Así, lo que mejor revela al hombre moderno es su falta de desarrollo interior, su tendencia la unidimensionalidad de la nuda existencia, a la repetición de acciones maquinales, mecánicas, en una especie de retrogradación del hombre hacia el comportamiento animal donde se reduce lo humano a lo puramente sexual o a un dejarse succionar por la presión histórica hacia el movimiento de la masa y la materia inerte. Tendencia tanática, pues, a sumirse en la noche de la materia y en el barro del mundo. 
   Se presenta así la necesidad de una revolución del espíritu humano: volver a Dios y a la filosofía –por vía de una nueva filosofía de la filosofía, es decir, de una nueva crítica de la razón, no meramente inmanente, para poder voltear de nuevo hacia lo alto en una razón de lo trascendente. Revolución o vuelta de la filosofía a sí misma, si es que la filosofía es en sí misma y nuclearmente metafísica, como una vía del centro para reconocer el estado de nuestra alma como entidad ontológica, para así  poder restablecer nuestros lazos de armonía con los sagrado y de amistad con Dios.  
   El mayor obstáculo se presenta, sin embargo, en la filosofía misma –que incurre en el error de perspectiva intelectual, en el protón pseudos, que es el pecado de la soberbia. Porque soberbia y filosofía coinciden fenomenológicamente rasgo por rasgo, en el idealismo trascendental, que identifica el todo con el pensamiento ideal de las categorías, que identifica con el filósofo, quien viene a ser Dios (Kant, Hegel). Idealismo trascendental, pues, del sujeto intelectual autárquico y condición de posibilidad de todo lo demás, incluyendo y principalmente de la Divinidad, cuando no se identifica el filósofo mismo con ella. Porque la filosofía en plenitud está ligada a una impresión de dominación sobre todo, al ser ciencia o disciplina de los principios, es decir, no de cada cosa  en particular, sino por ser dueño de los principios que las dominan –siendo efectivamente un saber de dominación, pues al sabedor o dueño de los principios incumbe mandar a los demás y no ser mandado por ellos (Aristóteles). Recuérdese la etimología de la palabra “principio” (arché), que son palabras de la familia de arconte y príncipe. Impresión pues de superioridad, de ebriedad hasta los inicios del mareo, cruzada de imágenes de ascensión y de elevación, donde el panorama mixto de imágenes y conceptos se enturbia hasta los extremos mismos de la borrasca.


   Impresión, pues de superioridad intelectual, pues es con la inteligencia con la que se es dueño de los principios y, por medio de ellos, señor del universo. No tan necesariamente con el pensamiento o con la razón, que son respectivamente la facultad de pensar, bien o mal, y la facultad de raciocinar, de sacar consecuencias y darle vuelta a las cosas; sino con la inteligencia, que es ver intuitivamente las cosas y penetrarlas hasta sus últimas intimidades, pues intelección se refiere tanto a intuición como a penetración. También, como ha visto la psicología contemporánea, a la capacidad de hacerse cargo de las cosas, siendo la superioridad intelectual propiamente aquella la que puede hacerse cargo de la situación por eminencia dominadora de todo lo demás: la del universo mismo por medio de las categorías de la razón o la inteligencia que se hace cargo de sí como en sí y como ápice del universo. Vivencia intelectual, pues, que no sólo versa sobre los principios, sino sobre el primer principio, concreta, singularmente, o sobre el principio pura y simplemente: sobre Dios… para… para… superponer su inteligencia sobre Dios mismo, o dominadora de Dios mismos, sobre cuya existencia y esencia sentencia, que es la vivencia radical de su ser tal inteligencia, en su esencia, luciferismo, demonismo  (José Gaos).
   En principio Dios el ser que es en sí y por si –estable, fijo, inmóvil, seguro: piedra según la intuición analógica, y aún refugio. Pleno, perfecto, realidad absoluta, sagrada (esse). Todo entero, concentrado en sí mismo, preñado siempre de su propia voluntad creadora. Paro la razón en su despliegue olvida su origen, que en su origen la razón es oriunda de la inteligencia (nous), tomando en cambio ese principio para hacerlo suyo, en un uso soberbio de la razón, pasando a postular a la razón misma como lo que es en sí y por sí, para divinizar a la razón… para divinizarse el mismo filósofo con ella por… por… por soberbia –por ese sentimiento de elación de ánimo, de elevación intelectual, propiamente categorial, o de superioridad intelectual que se eleva sobre todo lo demás, incluyendo a Dios mismo, a quien incluso cita ante el tribunal de la razón para que demuestre su existencia.
   El idealismo trascendental puede verse, en efecto, como un fracaso de la actitud mágica: creer que el hombre hace al mundo mientras hace su pensamiento. El pensador viene a ser así un demiurgo, un creador de mundos, que puede por tanto hacer o deshacer el mundo según su voluntad. Actitud cercana a la actitud mágica, consistente en creer que se puede hacer cualquier cosa o que puede hacer lo que se sea o que se puede ser cualquier cosa, por la mera fuerza del alma. Jaula del pensamiento, y que conlleva por tanto al confinamiento, pues parte de falsos supuestos: que nada está dado del exterior, que nada dado está vivo, o que no es válido o que carece de significado.
   La concepción de la razón como partícipe de la divina, entones, se escinde, volviéndose la razón autónoma respecto de la potencia a que se debe y, por tanto, se subjetiviza, desprendiéndose de su núcleo espiritual natural (la buena cualidad del nous), hasta quedar imantada por la bellaquería metafísica, que es la rebeldía de la soberbia, del bellaco metafísico, que coléricamente quisiera ser más que el que más o estar sobre Dios, alimentado por una inapagable sed de ser más de lo que se es, o de soberbia, amurallándose por consecuencia tras la máscara del orgullo o de la vanidad y engañándose a sí mismo –dejando por tanto la filosofía de ser “saber de lo más” o metafísica, e incluso “saber lo más posible” o enciclopedismo, abandonando el sistematizmo anejo de la disciplina para desbarrancarse hacia el costado subjetivo, existencial, no esencial, contingente, de la filosofía. O degradándose en razón histórica o en la religiones laicas de la modernidad, en ambos casos siendo presa de las apariencias de las ideologías, de las metafísicas inferiores y sus arcaicos ídolos, cráticos, hedónicos, pandémicos. Todo ello redundante en el extravío del centro del alma humana y sus trasgresiones excéntricas, extremistas, ya sea por el lado de la novedad y el cambio, ya sea por el lado de los extremismos materialistas de la era contemporánea.
   Idea del mundo del hombre contemporáneo consistente en una especie de masoquismo metafísico trascendental, desprendido de la antropologisación de la razón que intenta explicar lo superior por lo inferior, lo más valioso por lo que no tiene valor y en cuya arena se han pulverizado los sistemas filosóficos. Despeñamiento de la filosofía en la política también, varada en la sociología hegemónica y planificada de las potencias que se disputan el mundo, en una muy paradójica razón histórica, dialéctica, acomodaticia a las contradicciones de la historia, todo lo cual entraña un radical relativismo escéptico en materia de valores. Razón siempre en movimiento, atenta a la novedad y al cambio; razón cambiante y temporal, no atada a algo fijo o estable, no idéntica consigo misma. A la vez una y cambiante. Todo lo cual ha dibujado sobre el horizonte un paisaje más bien de tiniebla y de arenas movedizas.  



   Sin embargo, la soberbia de la razón, de ser el hombre en si por si por la propia razón, entraña un íntimo error de  perspectiva: olvidarse el yo del yugo de ser creatura, librándose así de los mandatos divinos de la moralidad, viviendo como si Dios no existiera, confinado el sujeto así en un sujeto intelectual autárquico, condición de posibilidad de todo lo demás, incuso de Dios, que es creada por ella o a la que el hombre se identifica (que es la esencia, radical, apical, del ser demoniaco o luciferino). Por lo que ha quedado la filosofía misma varada en las aguas estériles cuyo único puerto ha sido el de la asistematicidad y el existencialismo. Donde ni importan que razones dar, ni importa en el fondo tener razón, por la prioridad absoluta de la existencia sobre la esencia, y de la apariencia sobre el meollo (o del significante sobre el significado);  filosofías de la existencia, filosofías meramente mundanas, pues, que terminan poniendo todo el valor de la existencia, pues empiezan por no tener esencias o modelos ideales, en el diminuto instante incluso, volviéndose instantaneistas, pues las existencias son todas concretas, individuales –las cuales no pueden sino abrir las puertas del contingentismo, el azar y la casualidad, conduciendo a la postre a la desesperación y a la angustia del bien o a la pérdida pneumática de la libertad o a un crudo paganismo.   
   En cambio, una razón concebida como partícipe de la divina, tanto para la religión como para la filosofía, encuentra su ápice en el problema de la redención del espíritu humano, siendo para ellas imperativo el volver a Dios por la vía natural de la moralidad. Y es tal razón la que prescribe la penitencia y el ascetismo: dominar los instintos, principalmente el sexual, oponiéndose así a la naturaleza humana para sobreponerla, acrecentando la energía física y espiritual y brindando con ello un sentimiento de bienestar a la comunidad, por conducir al camino del centro, recto, de la sabiduría, que es el que lleva al conocimiento del propio ser y de Dios.


XXVII
   Acaso la peor de todas las ignorancias sea la de la realidad del pecado –tanto en lo concierne a la metafísica como en sus consecuencias sociológicas inmediatas. En primer lugar, porque ignorar la categoría moral del pecado lleva en el mundo real a la conformación de sociedades no trasparentes, regidas por la secrecía, y de personalidades tortuosas, sumidas en la opacidad y en la simulación.
   Porque ocultar los pecados, no ser trasparente, ser opaco ante los demás, defenderse ampulosamente de las propias faltas ante los otros con la máscara de la vanidad, de la ampulosidad o del orgullo, es decir: volver el pecado particular un secreto, no puede conducir sino a una escisión de la personalidad, en cuyo juego de espejos se incuba el fenómeno, tan sólito en dentro tiempo, de la doblez: de  la alienación mental o de la enajenación, en una especie de transformismo y polivalencia de la persona cuyo resultado no puede ser otro que el espectáculo doloroso de personalidades “actorales”, que simulan un mundo y disimulando sus reales intenciones, siendo por tanto personalidades  excéntricas o sacadas de su centro, pero también ignorantes sobre la situación real, sobre el estado de su propia alma (entendida ésta no sólo como el fluido del acontecer psicomental, sino metafísicamente o esencialmente como entidad ontológica).
   Lo que es más, la comisión de un pecado es grave en lo personal, pero si socialmente se calla, si se oculta en el interior de la conciencia, se vuelve terrible –porque de tal suerte se dejan en libertad a las “fuerzas mágicas”, como las llama Mircea Eliade, o dicho en términos coloquiales, se da poder a los infiltrados, al enemigo oculto siempre acechante, para que urda sus redes cómplices, amenazando entonces a toda la comunidad al arruinar los esfuerzos de los hombres, trayendo la derrota en la guerra o la escases en la producción –e incluso contaminando el mismo entorno natural, causando igual la desaparición del venado que las inundaciones o las sequías (por la ruptura del pacto de armonía y de solidaridad entre la naturaleza y el hombre).
    Las sociedades arcaicas conjuraban tales peligros en su modo de vida cotidiano mediante una solución: la confesión oral de los pecados. Cuando una desgracia asalta a una comunidad es aún en día costumbre que las mujeres se confiesen entre si sus pecados, que los hombres se encuentran con sus hermanos y confiesen sus faltas, como sucedía antes, en la sociedades arcaicas transparentes. Cuando no hay secretos personales o particulares cada uno conoce lo que concierne a la vida privada de su vecino, tanto por su modo de vida cotidiano como por la confesión de los pecados, y así cuando un individuo a trasgredido alguna ley moral se apresura a confesarlo públicamente –y a confesarlo como lo que además es: un simple accidente en el océano del devenir universal, como algo inmanente que atañe al sujeto, el cual así implícitamente reconoce tal actividad como carente de todo valor metafísico.
   En tales sociedades, en cambio, lo que siempre ha sido secreto, materia de iniciación y de estudio, han sido las verdades trascendentes, o que versan sobre las realidades metafísicas, los mitos y los misterios religiosos –asequibles sólo a una minoría culta, larga y minuciosamente preparada para lograr acceder a su real significación. Los secretos no conciernen así a la vida profana de los individuos, no son secretos episódicos, sino propiamente dogmáticos, referentes a las realidades trascendentes y sagradas.
   Así, lo que esta dicotomía nos hace ver es que todo lo humano, demasiado humano, todo hecho profano quiero decir, al volverse secreto se transforma en cierto modo en un ídolo, en una Gorgona que petrifica el alma humana, siendo por tanto un centro de energías negativas, dañino tanto para el individuo como portador de desgracias para toda la comunidad, por lo que al volver pública la falta, se desactiva tal fuente, como al volver el secreto exclusivo de las materias metafísicas, trascendentes, o que no son de este mundo. Es decir; si el secreto conviene sólo a lo sagrado, volver secreto lo profano es darle un valor que no tiene, y por tanto un sacrilegio –porque tan es sacrílego tratar lo sagrado como algo profano cuanto trasmutar los valores al dar a lo profano un valor sagrado. La teoría tanto teológica como cosmológica de la sustancia metafísica no ha dejado siempre de ver en ello una ruptura de nivel, y una quiebra en la lógica de los sagrado, cuyo cambio de valores trae aparejado una perturbación en la armonía de la unidad cósmica, pues el universo se presenta para tales sistemas como solidario con el hombre.
   Pues bien, tal es lo que sucede en las sociedades modernas, donde las personalidades son generalmente opacas, no transparentes, cada una ellas un átomo, un individuo aislado, separado y sin interesarse realmente los unos de los otros. La civilización ha cambiado con lo moderno los valores mismos, viéndose como una cualidad la discreción e las personas, ocultándose tanto la vida interior como los eventos personales profanos, pues se callan, se silencian aventuras, pecado, aventuras y desventuras, es decir, todos aquellos hechos que no tiene una trascendencia metafísica, que se pierden en el río amorfo del devenir que va dar a la nada, todo lo que concierne a los niveles profanos de la condición humana, siendo vista la confesión de un adulterio como un sacrilegio. Como su contraparte, en las sociedades modernas se ha perdido por completo la idea del secreto relativo a las realidades religiosas  y metafísicas, pues sin necesidad de iniciación o juramento cualquiera puede cualquier texto sagrado o criticar cualquier religión.
   La sociedad mexicana, aunque occidental, no es de toda moderna, como muchos países de Latinoamérica; de ahí su singularidad sin par en el concierto de las naciones. Una de sus resistencias a la modernidad se cifra en un símbolo: la Virgen del Tepeyac. Pero no sólo, porque aún pervive entre nosotros el respeto secreto de las realidades trascendentes y el impulso por comunicar a nuestros hermanos los pecados, en una labor de expiación de las culpas y de purificación de las almas, pues no ha desaparecido de nuestra cultura ni la noción de pecado, ni mucho menos la idea de la redención individual y colectiva por acción de la confesión, del sincero arrepentimiento de nuestras faltas, de la enmienda, así como del don de la divina gracia trascendente.
   Característica del hombre moderno-contemporáneo y su paradójica religión inmanentista es la preferencia impulsiva por los valores vitales inmediatos en detrimento de los valores espirituales, de más difícil consecución o logro. Max Scheler lo expresado mejor: los impulsos egoístas y materialistas son lo menos valioso, pero lo más potente, lo espiritual y sus ideales es lo más valioso, pero lo más impotente. Idea deprimente, que confirma esa visión pesimista, ese masoquismo metafísico trascendental que caracteriza al hombre moderno-contemporáneo.   


XXVIII
   Por un lado, la huida, en nuestra época de masas, de comunitarismo, de sistemas socializantes, de la verdad personal, que es una de las consecuencias del descenso de la filosofía en la historia y aún en la política. Porque la verdad personal, alude, por paradójico que ello resulte, a la antigua universalidad perdida de la filosofía: a la fe y a la verdad de la razón trascendente, que se ayuda de la intuición analógica, ya que trata de suyo de realidades sobrenaturales que escapan a los sentidos, como el alma ontológica o Dios.
   Por el otro lado, deseo de huida de la soledad ontológica, capital, formal, a que conduce la soberbia de la razón autárquica, que se refugia compensatoriamente en la masa, en el gregarismo, en el erotismo, en el maquinismo y aún en el ciencismo. Porque el castigo para la soberbia es la caída: la ruptura con la comunidad de fe trascedente, conducente al confinamiento en el abismo solitario de sí mismo… y a la nada, pues el que cree ser algo no siendo nada a sí mismo se engaña. Enfrentamiento, pues, con la propia nada, con la propia nihilidad, con el propio vacío existencial y su falta de ser… con… con… con el pecado, con el primer pecado… que en su patente imperfección puede en cualquier momento acarrear al ser… para dejar de ser… Caída, pues, en el abismo sin fondo, desfondado, sin justificación práctica, de la reprobación, o en el abismo solitario del propio ser, de la propia existencia o cuyo fondo no es otro que ese angustiado sí mismo. Horror ante el cual la soberbia se refugia en otra comunidad de fe, ya no trascendente, sino meramente inmanente, por la necesidad de sociedad, de socios que lo saquen del horror del solipsismo –para negarles luego la sociedad.
   O bien, paradoja de la filosofía y de la soledad, cuando el filósofo está acompañado de todo, mediante el estudio y la reflexión en las categorías de la razón, resultando entonces el menos solitario de todos, en razón de humildad y obediencia ante la Totalidad y ante el misterio –pero también el más alejado de la verdad universal, por horror al gregarismo, que es la vivencia de la soledad intelectual y espiritual.


   En ambos casos se daría, sin embargo, la vivencia de la individualidad como forma categorial de la realidad universal, como a-priori de la sensibilidad, y la vivencia de la filosofía misma como forma de expresión de la individualidad singular que se abstrae de la totalidad del mundo en torno para abstraerse… en la totalidad de la realidad -viviendo por tanto con singular intensidad, en la experiencia de tal verdad personal, también el horro de ser individuo –separado, y afligido, precisamente de la totalidad. Que es la experiencia apical del horror de la soledad: la de ser individuo.
   La huida del horror de la soledad, de ser individuo, bien conocida, es la social, en el apelmazamiento de unos con otros en la masa, que socializa al hombre hasta el extremo de dejar de ser individuo, y que precisamente viene muy bien para sustituir la comunión religiosa –pues el gregarismo de la masa bien puede tener como imán el olvidarse de sí mismo para sentirse mejor.  
   La huida de la individualidad puede tener, sin embargo, otras motivaciones: el huir de la verdad personal, histórica, situacional –que a la vez que segrega de la grey, estrecha al sujeto contra sí mismo, pues sólo obliga al sujeto que la conoce o al que le es dada, teniendo que responder a ella con una responsabilidad absolutamente singular, que no es posible ni descargar ni compartir con nadie. Ante ello, en cambio, por horror a esa responsabilidad, a esa singularidad de la verdad, el hombre común prefiere sumirse en la masa lógica de las ideologías, en le gregarismo humano, en el rebaño, que salva de la soledad individual. Horror que es también un motivo secreto del atractivo e imperio de la ciencia y del ciencismo, pues a la verdades universales puede asentir y a-gregarse gregariamente el hombre en la congregación apretada del rebaño, cuando se socializa la ciencia por los terrores bimilenarios a la individuación.
   Mundo de socialización creciente, de masificación, pues, que llega a la academia, al arte, socializando al hombre mediante las vanguardias vertidas en la originalidad uniformada, o en la publicidad y las ideologías dominantes, impidiéndole entonces al individuo profundizar a fondo en su experiencia personal.  O en la universidad, donde la figura del versado o del docto o del individuo creador crecientemente desaparecen, sustituidos por el investigador positivista, enrolado en empresas colectivas.

   O bien volver, junto al examen y reconocimiento de la verdad personal, histórica, situacional, a una sociedad de fe trascendente, de real e íntima convivencia con un cuerpo de creyentes, no unidos tanto por la inteligencia, por la razón, sino por el sentimiento profundo del amor trascendente –frente a las potencias inmanentistas de nuestro mundo actual, de la publicidad, de la tecnocracia, de la socialización del hombre y del totalitarismo. 



domingo, 6 de julio de 2014

Entrevista a Don Ricardo “El Pajarito” Moreno Por Alberto Espinosa Orozco

¡Ring Side¡ La Tierna Infancia
Entrevista a  Ricardo “El Pajarito” Moreno
Por Alberto Espinosa Orozco 



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   Ricardo Moreno “El Pajarito” fue uno de los grandes ídolos del boxeo mexicano y figura de los encordados en la década de los 50´s, forjando durante su difícil vida una leyenda en torno a sus hazañas como peleador y conservando durante toda su vida una aura de admiración por parte del pueblo y el reconocimiento de quienes lo conocieron y trataron.
   Cuando su entrenador Lupe Sánchez lo incluyó en su establo y le preparó una habitación en su propio domicilio eligieron su nombre de batalla, entonces Ricardo Moreno le confesó que su madre Zenaida desde que nació le llamó ”Pajarito”, porque era muy esbelto, y así fue que desde entonces adoptó ese nombre como luchador: Ricardo “el Pajarito” Moreno. 
   Gozó de enorme popularidad llenando cualquier gimnasio al que se presentara a entrenar y colmando las arenas de México y Estados Unidos. Provocaba llenos a donde quiera que hiciera acto de presencia, fama que pronto lo llevó al cine.
   Fue en los años 50´s que conquistó fama y fortuna. Calificado de excéntrico compró una casa en el Pedregal de San Ángel y un Cadillac convertible, jactándose ante la presa de alimentar a sus perros con chuletas.
   Ricardo Moreno escaló en su meteórica carrera suplantando pronto en la preferencia popular al púgil Luis Castillo, “El Duende de la Merced”. Su pegue dinamitero lo hizo subir de mosca a pluma sembrando el terror en todo el mundo, pues el aporreador de Chalchihuites fue un peso pluma con apariencia de completo que impresionó por la furia que ponía en cada combate. El salvaje ponchador de Chalchihuites, el vengador de Zacatecas, fue adorado por el público, tomando pronto la estafeta del ídolo popular Rodolfo “Chango” Casanova. En efecto, Ricardo “Pajarito” Moreno poseía una de las pegadas más violentas del boxeo mundial de todos los tiempos, según refiere José Luís Camaillo. Su brutal golpeo fue haciendo que sus rivales fueran cayendo como castillos de naipes. Bandolero del ring, fue llamado, pues destrozaba a sus rivales con sus puños de hierro. Aunque su sencillez de carácter la admiraba todo el mundo fue calificado por la prensa de “monstruo” del ring, siendo mejor conocido por los cronistas locales como “El Aporreador de Chalchihuites”.
   La última de sus batallas la realizó 17 años más tarde, en la ciudad de Durango, en  el año de1973, cuando se retiró oficialmente. Sin embargo, hubo varias despedidas posteriormente. Se vez en cuando lo invitaban a pelear, y más grande simplemente a subir al ring donde, a modo de homenaje, el público le arrojaba billetes y monedas, miles de pesos, con los cuales llenaba una, dos bolsas, aliviando con ello la difícil situación del otrora ídolo del boxeo mexicano. Don Ricardo se emocionaba cuando lo llamaban para una pelea o para una presentación, aunque en sus últimos años, por alguna extraña razón, no se llegaron a concretar tales presentaciones ante la afición.
   Al igual que el poeta argentino Jorge Luis Borges, Ricardo Moreno tenía la marcada tendencia de falsear y magnificar los acontecimientos, debido todo ello a un doble amor, cabe conjeturar, tanto por el mito como por la grandeza.
   Poseedor de una imponente pegada, Don Ricardo Moreno, también conocido como “El Barretero de Chalchihiutes”, ya eclipsada su carrera como boxeador, deambula por las calles de Durango, se reunía con algunos allegados en el Bar Bellmont  y departía en los cafés regionales con algunos conocidos, donde contaba algunas de sus aventuras profesionales o mundanas y, por supuesto, sus hazañas deportivas, ya estando abandonado y en la ruina económica. La afición lo recordaba sin embargo, invitándolo a comer en las taquerías regionales, obsequiándole a su paso monedas o dándole fruta en el mercado. 
A.E.  

  
***
      Nací en Chalchihuites, Zacatecas, el día 7 de febrero de 1937, hace más de medio siglo. Soy el cuarto hijo de Doña Zenaida Escamilla Chaires, oriunda del municipio de Valparaíso, también de Zacatecas. Mis hermanos mayores son Francisca y Esteban, les sigue Mercedes y luego yo. Mis hermanos viven. Mi mamá no, ya murió, en septiembre de 1978, a los 69 años de edad.
      Nací en el barrio de Jalisco y me crié en el barrio Colorado. Recuerdo a mi tía Victoriana, hermana de mi abuelita Agapita Chaires Mateos Pineda. Mi mamá y yo íbamos al rancho de ellas, el rancho “La Pilitas”. Mi abuelita vivía en la calle García Salinas # 406, en una casa grande y añeja, que tenía siglos. Ella fue muy cariñosa conmigo. A Victoriana, esposa de mi tío Marcelino, la conocí muy viejita, antes de que muriera. El murió antes que ella.
      Mis abuelos Agapita Chaires Mateos Pineda y Cipriano Escamilla Ángeles se conocieron allá en Valparaíso. Engendraron tres hijos: mi tía Beatriz, luego Zenaida, mi mamá, a los que siguió Gilberto. Allí creció la familia, pero luego se traslado entera a Chalchihuites, pues era la Revolución.
      Mi abuelo Cipriano Escamilla Ángeles era medio hermano del general Felipe Ángeles, jefe de las fuerzas militares de Álvaro Obregón. Cipriano era ganadero. Solo dejó una casa, grande, en García Salinas, que ahora tiene el número 305. Nunca conocí a mi abuelo, todo lo que se de él lo se por mi abuelita. El fue Valentín de la Sierra y Juan Colorado en Michoacán. Existe una canción de mi abuelo:

   “Este es el nuevo corrido
     que yo les vengo a cantar
     de un amigo de mi tierra
     llamábase Valentín
     que fue fusilado y colgado en la sierra.”

      En esa casa que nos heredó mi abuelo me crié con mi abuelita y mi mamá. Comía frijoles y tomaba atole, pues la situación económica era difícil. Éramos pobres. No mucho, pero si pobres. Mi hermana Mercedes andaba con nosotros. Chalchihuites era frío en aquellos años.
      Mi papá fue Pedro Moreno Pérez, de oficio curtidor de cueros. Se separó de Zenaida antes de que yo naciera. Lo conocí mucho después, cuando yo era peleador, cuando estaba con fama. Chaparro, barbón, como yo. La primera vez que lo vi estuvo lejano, distante, pero si nos reconocimos. Luego me fue a buscar, en 1962, cuando estaba castigado como peleador. Fue el mismo año en que tuve que abandonar la casa de Romero de Terreros, en Coyoacan.  Fue a estar conmigo un tiempo. Se regresó.  Lo ayudé con  25 mil pesos y se regresó a Durango en ese año. Mi papa era de San Juan del Río, Durango.
      Mi mamá Zenaida vivió siempre en Chalchihuites. Murió de la vesícula biliar, en la ciudad de México, en una operación, en 1978. Sus restos materiales descansan aquí, en Durango, en el Panteón de Oriente.
   A mi abuelo Cipriano Escamilla Ángeles no lo conocí, más que en fotografía. Alto él, espigado, no era gordo ni flaco. Esposo de mi abuelita Agapita. De los hombres que inventó la revolución mexicana. Se fue para Huejoquilla, Jalisco, donde, junto con su hijo Gilberto Escamilla Chaires, quien fuera campeón de box de Norteamérica, fue fusilado por Mariano Miramón Mejía, general de las fuerzas sonorenses.
   Mi abuelito Cipriano y mi  tío Gilberto trabajaron para el ferrocarril de EE.UU. En Yuma perforaron el túnel en la montaña, para que pasara el tren. Barreteros ellos, perforadores de montañas. Gilberto Escamilla fue sparring de Roky Marciano, quien a su vez fue gran campeón de los pesos completos del mundo. Roky Marciano tenía una sobrina llamada Susana Nemets Marciano. La conocí en México, en el Bar del Hotel Montecasino de la Zona Rosa. Fue un amor fugaz. No he vuelto a saber de ella, solo que ahora vive en Massachussets. Gilberto fue campeón norteamericano de box, cuando se enfrentó a Rolando Lastarzá, en los treintaitantos, por ahí.
      Cipriano era medio hermano de Felipe Ángeles Escamilla, el famoso y tremendo general  villista. Mi abuelo incursionó en territorio de Michoacán, donde forjó su leyenda pues, como ya dije, el fue “Juan Colorado”, “Juan Colorado de Michoacán” como se le conoció por allá. Fueron pláticas de mi abuelita, que me platicó de la historia de mi familia.
    Por el lado de mi papa, mi abuelo fue Pedro Moreno, coronel insurgente, cristero, que luchó con Álvaro Obregón. Fue perseguido por Abelardo Rodríguez y Pascual Ortiz Rubio.



viernes, 4 de julio de 2014

Una espléndida victoria prostituida Por León Canova

Una espléndida victoria prostituida.- 1° parte de 5
Por León Canova[1]



El jueves 25 de junio el general Villa ordenó el arresto de todos los sacerdotes y se fijó la suma de 100,000 dólares (pesos?) como precio de su libertad. Los sacerdotes arrestados eran José María Vela; Cenobio Vázquez; José Antonio Ramos; Vicente Jaso; Manuel Romo; Juan Ignacio Richart; Francisco Sánchez; Emérico Martínez; Benjamín Rodarte; J. Escalante; J. Cumplido; J. Remigio; Juan Martínez; José Quintero; J. Peña; J. Muñoz; J. Serrano; José Cuevas; Juan Raigosa; Rojas; y Ramiro Velasco, mientras J. Gumiel quedo fuera muy enfermo: veintiuno en total.
El padre Ángel Tiscareño, un viejo y querido sacerdote, fue escondido por sus amigos y esta aun aquí. El martes 30 se pagaron los 100,000 dólares (pesos?) ya que los curas que formaron el comité al cual se permitió hacer la colecta del dinero fueron por la ciudad y obtuvieron de gente caritativa la suma requerida, en la creencia de que una vez pagada quedarían en libertad. Estaban equivocados, sin embargo, pues cuando se telegrafió al general Villa que se había pagado la suma y se pedían sus instrucciones, ordenó que los curas fueran enviados a Torreón y, para que “no sufrieran abusos” (Dios salve la observación) se les puso una escolta militar. De torreón fueron enviados a El Paso, expulsados del país.”
“El miércoles 24 de junio, a las 3 pm, por orden del general Villa, también ejecutada por el general Chao, el director del Colegio San José de los Hermanos Cristianos, Adrián Astruc, el principal de la escuela, Adolfo Guillet, ambos ciudadanos franceses, y el capellán Pascual de la Vega, mexicano, fueron sacados de dicha institución en el mismo momento en que otros catorce miembros del profesorado del Colegio eran arrestados. Esos tres desdichados fueron llevados a la Bufa, donde los fusilaron al atardecer de ese día. Nada habían hecho para merecer tal suerte. He sabido que eran personas queridas por toda la comunidad, como también lo eran los otros catorce miembros. El día 28 se descubrieron los tres cadáveres, parcialmente enterrados en La Bufa, y aunque el señor Cayetano Larronde, el agente consular francés, no pudo subir al cerro debido a su pierna herida, gracias a sus esfuerzos se recuperaron los cuerpos y tuvieron un entierro decente.

Fotografía de Fray Ángel de los Dolores Tiscareño.

Los catorce restantes quedaron bajo arresto hasta la tarde del día 27, cuando se les puso en libertad solo para ser vueltos a apresar al día siguiente, y el 29, en la tarde, los pusieron en el techo de zinc de un vagón, cuando cayó un diluvio. La altura de Zacatecas es de 8,100 pies y es muy posible congelarse hasta morir después de haber sido empapado por una lluvia al anochecer. El conductor del tren, Dios lo bendiga, tuvo piedad de ellos después de haber salido de Zacatecas y los ubico en un vagón cerrado junto a un montón de carga.
Cuando estos individuos desolados llegaron a Gómez Palacio, se puede imaginar su desaliento cuando uno delos oficiales de Villa apareció y les dijo que seguirían presos hasta que reunieran la suma de 5,000 dólares (pesos?). Les dijeron que si no conseguían esa suma los iban a fusilar. Dos de los Hermanos rogaron que se les permitiera salir para ver si era posible reunir el dinero, pues no tenían nada. ¿Qué esperanza podían tener ellos, entre gente extraña, de conseguir esa suma? Pero, con fe en sus corazones, fueron adelante y con la ayuda del representante francés en Torreón reunieron el dinero y se les mando a El Paso. Ahora están en St. Michael´s College, de los Hermanos Cristianos, en Santa Fe, Nuevo México.



El general Villa y sus fuerzas habían dejado Zacatecas y estaban en Torreón cuando se arrancaron esos 5,000 dólares (pesos?) a esos hombres perseguidos.
El general Rosalío Hernández, de las fuerzas de Villa, y presumiblemente por órdenes de Villa, exigieron 50,000 pesos al cura de Calera, un pequeño poblado a pocas millas al norte de Zacatecas. El pobre cura tenía tanta posibilidad de reunir esa suma con de convertir en cristianos a sus perseguidores, de modo que lo fusilaron, creo que el día 30. Su nombre era Jesús Alva.
El padre Inocencio López Velarde, el capellán del Colegio Teresiano, fue sacado y fusilado el miércoles 24 de junio por la noche, tal vez porque no pudo reunir el dinero para su rescate o porque Villa o alguno de sus enemigos tenía algún rencor trivial contra él.



2° parte.
Otro de los malolientes incidentes en los cuales parece haber estado hondamente involucrado el general Villa, fue el saqueo de la casa del Obispo católico de esta ciudad. El saqueo se hizo por órdenes de los oficiales de Villa, y si damos crédito a un alemán, el capitán Von der Golz, que estaba a cargo de las ametralladoras de Villa, a él y a un estadunidense conocido como Jim the Crack, el general Villa les otorgo el privilegio de saquear la residencia del Obispo, a condición de que Villa recibiera 50,000 dólares (pesos?) del saqueo. Von der Golz declaró que él y Jim the Crack obtendrían 200,000 dólares (pesos?) de la operación. Despojaron a la casa de su rico mobiliario y sus valiosas pinturas. Jim the Crack, que tenía fama de abrir cualquier caja fuerte en menos de media hora, y de quien se supone es un ex convicto estadunidense, abrió la caja fuerte y la desvalijo.
Todo el botín de la residencia del Obispo, así como el extraído de otras residencias, tiendas y depósitos, se envió hacia el norte por tren de carga. Convendría anotar aquí que los oficiales de Villa mostraron buen sentido comercial cuando el miércoles 24 de junio por la mañana cabalgaron por la ciudad deteniendo a los soldados que estaban saqueando: querían hacerlo ellos mismos. Trataré de averiguar cuantos trenes cargados de botín se enviaron al norte.
Estos hombres, Von der Golz, y Jim the Crack, parecen ser filibusteros profesionales. Por supuesto, cuando los constitucionalistas entraron en la ciudad se apoderaron de las casas de las clases ricas y de las de aquellos en situación confortable. La mayoría de las familias habían huido y solo quedaban los sirvientes de confianza. Estos fueron despedidos y los lugares se usaron por las fuerzas que aquí quedaron durante su permanencia en la ciudad, y después mobiliario, pianos, máquinas de coser – en realidad, todo lo que tuviera algún valor – lo llevaron a la estación de ferrocarril y lo despacharon al norte.
Pero volviendo al tema, Von der Golz y Jim the Crack se habían apropiado para si la residencia del señor Luis Escobedo, un abogado, que está ausente. Naturalmente, robaron todo lo que encontraron a poco tiempo de estar en la casa. Alguien les dijo que no encontrarían nada de valor en la caja fuerte de Escobedo, pero le contestaron que sea como fuere, esta contra nuestros principios estar en una casa donde hay una caja fuerte sin averiguar cuál es su contenido. Al día siguiente Von der Golz estaba tratando de vender las acciones de control de varias minas en las cercanías. Había encontrado los papeles en la caja fuerte de Escobedo. Entiendo que él y Jim the Crack tuvieron un entredicho sobre el botín obtenido y es de esperar que se hayan degollado mutuamente.
Se arrestó a un grupo de unas veinte personas respetables y se les convirtió en barrenderos, los pusieron a barrer las calles y algunos de ellos fueron expulsados del país. Algunos de los que recibieron este trato fueron Eusebio Carrillo, Manuel Zesati, José Torres, todos abogados, Manuel Rodarte, comerciante, y Carmelo Sucunza, un rico propietario. Conseguiré los nombres de otros que sufrieron la misma humillación, por el solo motivo de obligar a quienes habían acumulado una pequeña propiedad a cambiar lugares con la canalla que había tomado posesión de sus casas y propiedades. Pues no solo se apoderaron de las residencias urbanas, sino también de la propiedad rural. Prácticamente tales o cuales oficiales se han apoderado de todas las haciendas del país – en nombre de la revolución, pero esto es solamente un subterfugio.


Despojo total de la propiedad.
Como dije en el apartado precedente, un pillaje de saqueadores no puede haber superado el que practicaron las fuerzas constitucionalistas en Zacatecas. A los ejemplos mencionados, quiero agregar el saqueo de la tienda de abarrotes y gran almacén del señor Jesús Soto, por el general Rosalio Hernández, de las fuerzas de Villa, de donde sacaron más de 200,000 pesos en mercancías y las enviaron al norte. Los automóviles y carruajes de propiedad de la gente en situación acomodada, fueron tomados sin excepción por los constitucionalistas, junto con cuanto caballo allí hubiera. De los templos se han robado pinturas de valor, y de los altares artículos valiosos y las imágenes y ornamentos que los adornan.
La consigna de Villa: Antes de que se acabe la revolución terminaremos con todos los ricos del país, se puso en práctica con el mayor énfasis. La casa en donde me alojo pertenece al señor Manuel Soto, un abogado, que ahora está con su familia en la ciudad de México, donde fue hace tiempo para obtener atención médica para su esposa. Esta propiedad, que es una de las mejores residencias privadas de la ciudad, estaba a cargo de una desdichada y desprotegida mujer, servidora de la familia, durante quince años. Los oficiales que vinieron aquí, debo decirlo, no causaron tanto daño en la parte superior de la casa. Rompieron las cerraduras del aparador, las alacenas, los escritorios, etc., y se llevaron toda la ropa de cama, la vajilla de plata, y tomaron la parte útil de la máquina de coser, dejando aquí parte de su estuche. También tomaron toda la vajilla, la loza y los utensilios de cocina. Pero, en la planta baja, en las oficinas, todo fue desvalijado. Todos los papeles privados del señor Soto y sus clientes están desparramados por los pisos en la mayor confusión. Cada escritorio y armario fue abierto por la fuerza, en aparente búsqueda de dinero, acciones, bonos o papeles de valor. Algunas grandes pinturas con marcos dorados fueron descolgadas y la pintura sacada del marco, pero los saqueadores decidieron finalmente no molestarse por esos cuadros, y los llenaron de agujeros. En una parte de la planta inferior alojaron sus caballos y se entregaron a una destrucción al azar. 


Fotografía del Ilustrísimo Obispo de Zacatecas don Miguel de la Mora.




Miguel Macedo. 3° parte
Este hombre es uno de los dirigentes revolucionarios en este distrito, pero no se unió a sus fuerzas hasta hace menos de un año, después de que el éxito estaba ya bien asegurado. Es un ingeniero, un hambre de bajas pasiones y temperamento violento. Ha sido nombrado Jefe del Departamento de Agricultura del Estado de Zacatecas, y parece tener un sistema para hacer su agosto sin que brille el sol, pues sus métodos trabajan día y noche y, presumiblemente, mejor en la obscuridad. Fue el quien fue a la casa del señor Benigno Soto, hijo de don Manuel, y saqueo el lugar. Benigno Soto estaba recién casado y el bonito ajuar nuevo suyo y de su esposa evidentemente fue bien apreciado por el nuevo jefe de Agricultura, pues se llevó todas las piezas y anduvo husmeando por otras más. La pobre mujer de servicio se encontró por dos veces con un revolver contra su pecho empuñado por Macedo en persona, quien en la primera ocasión quería saber dónde había escondido ella el balance del mobiliario de la casa, y en la segunda fue amenazada de muerte si no decía adonde estaba en ese momento el joven Soto. Macedo revisó la casa desde el sótano (si es que hubiera habido tal cosa) hasta el astillo. Esto al parecer solo sirvió para aumentar su creciente apetito agrícola, pues a continuación dirigió su científico ojo sobre la residencia del venerable sacerdote, el padre Tiscareño, y recorrió el lugar entero sin que nada de lo que hallo le resultara demasiado pequeño o demasiado grande como para no llevárselo.
Ahora bien, este hombre Macedo puede haber sido el responsable de que Villa diera la orden de fusilar a los Hermanos Cristianos. La vida humana no tiene significado o importancia para esta gente y es negociada por cualquier nimiedad. Si Villa tiene un hombre a quien otro quiere matar por cualquier enojo trivial, un simple pedido o algún favor insignificante es suficiente para condenar a la desdichada victima a la muerte sumaria. Cuando estos rencores se han satisfecho, parece ser la regla que el resto de los jefes no se entrometa. Pueden tal vez hacer un pedido a favor del condenado, pero no harán más que eso.


Macedo es una conexión de la familia Madero y solamente por esa razón tiene influencia ante Villa. Tenía dos hermanos en el Colegio San José, de los Hermanos Cristianos, pero los muchachos eran incorregibles – evidentemente eran astillas del viejo palo, y finalmente el colegio los expulsó. Los esfuerzos para recibirlos no tuvieron resultado. Para esta gente, eso fue suficiente para condenar a cualquier pena, incluso la muerte, al Director, al principal de la escuela y al capellán. Creo que realmente esta es la explicación de la ejecución de los tres Hermanos Cristianos. La ejecución de gente apresada de este modo se debe al fracaso para extorsionarles dinero, a la satisfacción de algún ansia de venganza, o a que los mataran meramente porque fueron dotados de una inteligencia superior y fueron capaces de acumular posesiones terrenales para su propio disfrute y el de sus familias. No he oído que se hubiera hecho ningún intento de obtener dinero de los Hermanos Cristianos, fuera del caso de Gómez Palacio, paro algunos de los Hermanos en Santa Fe pueden tal vez aclarar mucho de este caso.
Macedo se ha instalado en la magnífica casa del señor…., un ciudadano francés ahora ausente. Se dice que este encantador lugar es uno de los más bellos de México. Está diseñado al estilo italiano, con el jardín en terrazas. Los mejores jardineros de la ciudad de México vinieron aquí cuando se diseñó el lugar y el terreno se convirtió en una deliciosa morada de selectas flores, plantas, árboles y fuentes. La casa estaba a tono con el diseño general.
Ignoro que destrozos ha hecho allí este hombre Macedo, pues el lugar está en el borde de Zacatecas hacia el norte. Tengo entendido, sin embargo, que hace apenas unos días envió un mensajero al agente local del propietario, diciendo que le gustaba mucho el lugar y que lo compraría si el precio no era muy alto. Si era muy alto, dijo, la propiedad sería confiscada. En otras palabras, trata de conseguir la propiedad por una bagatela, para apropiarse de ella en forma legal, o la obtendría mediante confiscación. En ambos casos, es un robo liso y llano.
Macedo ha tomado posesión de varias haciendas en este estado, nombrando los administradores. Los propietarios a sus representantes fueron expulsados. Una de ellas es la hacienda de los hermanos Delgadillo, llamada Gruñidora, a unas 150 millas al norte de aquí. El señor Teófilo Delgadillo, uno de los hermanos, vino a verme. Me visitó pues afirma que, bajo el contrato que tiene con Continental Mexican Rubber Co., una empresa estadunidense, con oficinas en New York, la cosecha de guayule lista para ser recolectada pertenece a esta empresa. En noviembre de 1905 firmó con esta compañía un contrato por diez años para la entrega de todo el guayule que pudiera sembrar. La compañía tiene su fábrica en Torreón. Por supuesto el único interés que la compañía podría tener habría sido la provisión del material, pero en cuanto haya sido cosechado y se le haya entregado. Sin embargo, revisaré mejor el caso. La cosecha actual dará entre 15,000 y 20,000 toneladas de guayule, que vale alrededor de doscientos dólares por tonelada, de modo que la cantidad total representa entre tres y cuatro millones de dólares. El guayule se cosecha cada seis años.
Creo que la Continental Mexican Rubber Company es una empresa de Madero, y la intervención de esta hacienda por Macedo, miembro de la familia, traerá grandes ventajas a la compañía, especialmente bajo los procesos que aquí se utilizan. Se dice que Macedo hizo esta y otras intervenciones de haciendas bajo un decreto del general Natera, que le ordenó ocupar todas las haciendas en nombre de la revolución. Dado que las haciendas solo pertenecen a la clase superior es muy fácil juzgar que clase de incentivos tendrán en este país el desarrollo y la industria. Hombres que se mantienen fuera de la política y atienden sus negocios, son gente pacífica y honran a su comunidad, se convierten en víctimas de todo tipo de abusos, se les arrebata su propiedad y a algunos de ellos se les pone a barrer las calles, mientras todos quedan en la pobreza. Toda la escoria sube a la superficie y promete muy poca esperanza para el futuro de este país. Si se confirma el gobierno del país, o incluso posiciones subordinadas, a hombres tan depravados, a menos que se los tenga bajo la más severa vigilancia este infortunado país se condenará para siempre.




La devoción religiosa en dificultades. 5° parte.
Nada puede dar un prueba más concluyente de que la expulsión del clero no fue conforme a los deseos del pueblo, sino solo la voluntad de algunas de la gentes de Villa, que lo que pude presenciar el domingo y el lunes.
El domingo por la mañana temprano Salí para dar una caminata por la ciudad, no acompañado por el comité designado para atenderme. Fui hasta la catedral (todas las iglesias de la ciudad han sido cerradas) y las pobres mujeres habían estado poniendo flores (y seguían haciéndolo) en las grietas de las ventanas y puestas, y en la base de las columnas en las puestas. Varias de ellas estaban de rodillas en la acera frente a la iglesia, en actitud devota, ofreciendo a Dios su humilde plegaria. (Decir que era una escena patética seria solo un pálido reflejo).
A todas partes de la ciudad adonde fui, a través de puertas o ventanas abiertas, se podían ver altares improvisados, con velas encendidas y gente rezando. Así es, la Casa de Dios, en lugar de estar en los templos para ello destinados, está ahora dispersa por toda la ciudad, en casas privadas consagradas por este pueblo humillado e intimidado.
El lunes el agente consular británico y yo subimos a las alturas de la Bufa. El camino está cubierto de agudas rocas y guijarros, desagradables para nuestros pies calzados con pesados zapatos. La subida es tal que tuve que quedarme muchas veces durante el ascenso para recobrar aliento. Imagine la piedad que apretó mi corazón al ver a mujeres que subían con tedio y dolor por ese camino rocoso y cruel, de rodillas, haciendo ese mortificante peregrinaje, castigando su carne, como expiación por los pecados cometidos contra la Iglesia y contra aquellos consagrados por Dios. Más de veinte mujeres y dos hombres estaban reunidos en la capillita en la cima de La Bufa, donde con velas encendidas, pero sin la presencia de ningún sacerdote, ofrecían sus oraciones al Gran Autor de sus personas. Ninguna visión más conmovedora podía ofrecerse. Es la mejor prueba de la violación de los deseos del pueblo con la expulsión de todo el clero, lo cual completa la desolación religiosa.
Temo haber alargado demasiado este informe, pero en realidad no veo donde podría haber sido abreviado sin hacer palidecer el cuadro que quiero trasmitirle sobre la situación aquí.


Tengo el honor de ser, señor, su más obediente servidor.
L, J. Canova (Rubrica).
P.S. No mencione el motivo de Domínguez para atacar a la persona de Juan Zesati. Domínguez había sido antes un vaquero empleado en la hacienda de El Cuidado, cerca de Jerez, en la parte norte de este estado, cuya hacienda colinda con propiedades de Juan Zesati. Domínguez continuamente pasaba el ganado de El Cuidado a la propiedad de Zesati y parece que Zesati tuvo que reprenderlo por esa razón.
En lo que toca al general Natera, creo que es un hombre rudo y sin muchas luces, pero no muy malo. Su tolerancia con la conducta de Domínguez tiene explicación razonable. El mismo Natera es visto como una persona ordenada y su nombre en general no está mezclado con los desagradables incidentes ocurridos aquí. El peligro que estos hombres presentan no es por acciones por ellos planeadas, sino sugeridas por hombres más inteligentes a su alrededor.
No he hablado mucho con Natera desde mi llegada, pues como usted puede ver estuve ocupado investigando hechos que nunca hubiera obtenido de él o de su gente. Se fue a Aguascalientes ayer y no estará de regreso por varios días.
Agregados: veinte fotografías con escenas de Zacatecas antes y después de la batalla, con descripciones al dorso de cada una. No se adjuntan, sino que serán enviadas por vía separada por el señor Williams.
Telegrama enviado.
Departamento of State, Washington, 15 agosto 1914.
León J. Canova. Zacatecas, México.

Dos informes Zacatecas recibidos por correo. Su trabajo es muy satisfactorio, pero sugeriría que evite expresiones de opinión en informes oficiales. Las opiniones podrían ser agregadas en forma de memoranda separado. Los informes factuales son permanentes y las opiniones no siempre son apropiadas para los informes. Bryan.




                                                       Fotografía de Jacinto Carlos.



Textos e imágenes tomados del muro de Don Bernardo del Hoyo Calzada. 

[1] Parte del informe de León Canova, publicado en Zacatecas, en el Pregonero. El Pregonero de la Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas. Órgano de difusión del Archivo Histórico del Estado. Segunda época, año 4, Zacatecas. México, marzo de 2007, Núm. 24. Primera parte. Abril de 2007, Núm. 25. Segunda parte. Mayo del 2007, Núm. 26. Tercera parte. “La Toma de Zacatecas”. Zacatecas.